Cocina pirata

La primera residencia artística del Exploratorio

La cocina pirata móvil es la versión abreviada de “Sol de Noite: laboratorio itinerante de cocina creativa - zona autónoma gastrosófica”, iniciativa de la artista visual Ingrid Cuestas que reflexiona sobre el desperdicio de alimentos en la cadena de consumo, y propone nuevos imaginarios para enfrentar esta problemática desde la acción política urbana. 

El prototipo de la cocina es un cubo retráctil, desmontable, con ruedas, que se despliega como una cruz, donde 20 personas pueden cocinar y realizar otras actividades creativas simultáneamente en un espacio público. El dispositivo se construyó con Ingrid en el Laboratorio de Maderas durante diez días.

En el happening de presentación participaron más de 300 comensales, muchos de ellos transeúntes atraídos por La Buena Chepa, nombre de este laboratorio. Los ingredientes fueron recuperados de los descartes en la Plaza de Mercado Minorista y la celebración incluyó, además de la comida común, música e intervenciones de graffiti sobre el dispositivo.

Más allá de la provocación que supone experimentar, La Cocina Pirata Móvil es una protesta poética y política frente al mal aprovechamiento de los recursos. “Un tercio de los alimentos producidos en el mundo va a la basura sin ser consumido”, cuenta Ingrid, artífice de esta invitación en favor de la soberanía alimentaria y del campesino productor y en contra del desperdicio de comida, del procesamiento industrial de los alimentos y de la privatización de las semillas.

Ingrid ha recorrido Suramérica con esta obra invitada por la iniciativa Sentidos: Rumbo Norte, propuesta de turismo comunitario en la Zona Norte de Medellín, que incorpora cocina, diseño, video, fotografía, dibujo, grabado, graffiti, carpintería y música. La residencia fue en colaboración con el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia, la Subsecretaría de Turismo de Medellín, iNNpulsa y Proyecto Rumbo Norte.