Monólogos científicos

La ciencia contada con humor

Por: Eduardo Sáenz de Cabezón, Matemático y fundador del colectivo español de monoliguistas científicos The Big Van Theory.

Vamos al grano que el espacio es corto, el tiempo breve y la tarea imposible: definir lo que es un buen monólogo científico. Es imposible porque para eso haría falta saber qué cosa es la ciencia, qué cosa es el humor y peor aún, cómo cuadran juntas las dos cosas suponiendo que uno conoce al público al que se dirige. Una pesadilla, vaya.

Una pesadilla a la que me  dedico, encantado y feliz, desde hace algo así como cinco años. He hecho monólogos científicos por todo el mundo ante miles de personas de la más variada condición e incluso he tenido la osadía de pretender enseñar a otras personas. La primera vez que me sugirieron hacer un monólogo científico fue, como digo, hace cinco
años, y fue para el más prestigioso concurso mundial sobre la materia: Famelab, y yo era la primera vez que oía hablar de esas cosas. Así que hice lo que cualquier científico sensato hubiera hecho: dije que sí sin pestañear. He dicho científico pero en
realidad yo soy matemático ¿los matemáticos somos científicos? ¿es una ciencia la matemática como lo es la química o la biología? ¿ven como esto no es fácil?

En fin, a lo nuestro. En su forma más básica y primitiva un monólogo científico consta de una persona que se dedica a la ciencia y que, de una forma entretenida, incluso
divertida, habla sobre algún tema científico que domina a un público al que tiene delante y que se lo pasa bien, aprende y en algunos casos se enamora de la científica o el científico monologuista (ha ocurrido en alguna ocasión, lo crean o no). Para que todo esto se dé (no me refiero ahora al enamoramiento, no soy autoridad en esa materia) han de darse diversas circunstancias que paso a enumerar con intención didáctica pero noexhaustiva, como verán:

Primera y fundamental: que la persona que hace el monólogo domine el tema científico del que habla. Esto es irrenunciable. En un monólogo científico el contenido ha de estar en lo alto de la jerarquía. Todo lo demás, la estructura narrativa utilizada, los recursos escénicos, lingüísticos (véase una palabra con diéresis y tilde) o incluso
humorísticos están al servicio del contenido. Y eso sin estudiar no se consigue. En un monólogo se ha de ir a lo fundamental, y si el tema no se conoce bien, no se tiene una mínima estructura de las ideas ¿cómo saber qué es lo fundamental?

Segunda: una preocupación por la estructura narrativa ¡y oral! del monólogo. La cosa es que el público no pierda ni el hilo ni el interés y para eso hay que hacer caso a los antiguos maestros cuenteros, a los escritores y esa gente que cuenta bien los chistes. Que haya dilema, que haya sorpresa, que haya incluso emoción. Que haya un buen comienzo, que haya un bonito final y que por medio la narración sea clara y nos vaya llevando
a plantearnos preguntas ya responderlas. A ser mejores y más sabios que antes de escuchar ese monólogo. O al menos a haber estado al borde del desorine provocado por la risa convulsa.

Tercera: El trabajo actoral o de cuentero, o de comunicador o todo junto. Acumular recursos escénicos, saber manejar el tiempo y el espacio, la propia voz y la propia presencia. Saber quién soy en escena. Porque esas son las cosas que harán de un buen discurso y un discurso que llegue. Si en lo alto de la jerarquía está el contenido, en el centro del foco está el público, y nuestra labor es unirlos a ambos. Por supuesto esto precisa preparación, trabajo, formación, constancia. Uno no nace preparado de forma natural para esto, y menos los científicos, que básicamente usamos el cuerpo para acarrear el cerebro del laboratorio al despacho y para colgar la bata. Es momento que los que hacemos ciencia adquiramos formación en las artes de la comunicación.

En fin, no sé si un monólogo científico sirve para enseñar, para informar o para qué. Lo que tengo claro es que es una buena ocasión para celebrar la ciencia y el conocimiento. Por supuesto, en una celebración también se aprende. Casi tanto como en un funeral y no hace falta que muera nadie.

Han quedado muchas cosas sin tratar, pero ya dije que el tiempo era breve y la tarea imposible.

¿Qué ciencia se puede explicar de este modo? ¿Y a qué público? ¿Cómo adaptarme al público al que tengo delante? ¿Cómo seleccionar los temas adecuados? … Y todo esto precedido o presidido por alguna intención que necesariamente variará de una persona a otra y de una ocasión a otra. ¿Por qué hago esto? ¿Para qué? Pero estas son dos preguntas que no puedo contestar ahora, son otras de esas cosas sobre las que no tengo la menor idea.
 

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