Universos arrugados

  • FECHA:
    Miércoles, Abril 10, 2019
COMPARTIR

Una historia de Andrea Galvis, analista de divulgación de Planetario.

 

Los niños guardan cosas. Si encuentran piedras, insectos, papeles o tapas de botellas, los recolectan y los meten en su bolsillo. Se vuelven objetos mágicos cargados de significado que no quieren perder. Ya no son un pedazo de cartón o una canica, sino un puente a historias, personajes y lugares. En la primera sesión de Astrolabs, la tallerista Andrea Galvis les dijo a los niños que guardaran lo que más les gustara de todas las sesiones.


Los Astrolabs son laboratorios que se ofrecen a estudiantes de colegio durante la jornada escolar o en jornada extracurricular. El año pasado 350 niños pasaron por ellos y se emocionaron por medio de la experimentación, la observación y el análisis. Usando una metodología no ortodoxa que estimula el conocimiento, construyeron cohetes, meteoritos y planetas, y exploraron fenómenos naturales con experimentos sencillos que detonaron preguntas y despertaron la curiosidad. En sus mochilas y bolsillos fueron guardando bolas de pimpón, molinos de viento y lámparas de lava.


En la última sesión, después de un recorrido por el Planetario, se turnaron para pasar al frente en el auditorio, como grandes expertos en astronomía. Tenían que mostrar el objeto que habían guardado y hablar del tema que evocaba.


Hoy es 26 de mayo. Estamos con un grupo de 20 niños en el auditorio.


Martín Machuca sube con una bola de arcilla amorfa que le cabe en la mano. Se la pasa de una mano a la otra. “Hoy les vengo a exponer sobre los asteroides. Eso es lo que más me gustó de la clase, porque los asteroides, curiosamente, no tienen forma”. Agarra con fuerza su asteroide y continúa: “Son cuerpos lunares que viajan por todo el espacio girando alrededor del sol y alrededor de los planetas. Si lo miran desde otro punto de vista algunos impactaron contra unos planetas. Por ejemplo, uno impactó contra la tierra y destruyó a todos los dinosaurios”. Se sigue pasando la bolita de una mano a la otra. Se queda quieto, nos mira, se ríe. Abre las manos sosteniendo todavía la bola. “Ya”.


Samuel Piedrahita tiene 9 años. Sube al escenario con una bolsa y saca un objeto negro hecho de cartón y un molino de viento plateado pegado de un palito. Alza el molino. “Voy a exponer lo que más me gustó de la clase de astronomía dos. Me explicaron que hay varios tipos de galaxia y la hicimos de esta forma. La mía no gira peroesta era la forma”. Después coge del piso el otro objeto. “También hicimos un telescopio artesanal que me gustó mucho y que no funciona”. Se ríe. “Lo diseñé al revés y no me funciona pero uno puede saber cuántas capas tiene un telescopio real”.


Samuel Álvarez también decidió mostrarnos su telescopio. “Este telescopio que hicimos con cartulina negra también lo podíamos decorar con un poquito de pintura morada, y a mí me quedó
un poquito feo pero funciona”. Desarma su telescopio en dos y se queda con una parte en cada mano. “Ese telescopio funciona con un mini telescopio y con este grande. Lo que hay que hacer es meter este aquí y ya se puede ver todo. A pesar de que se vea al revés se ve bastante cerca”.


Cuando es su turno, Santiago Mora sube con una bolsa transparente de confites de esas que suenan mucho al tocarlas. “Voy a decir lo que me gustó de Astronomía”. Saca tres bolitas de pimpón. “En una de las primeras clases trabajamos con unos pimpones y los llenamos de una mezcla de silicona, jabón y agua. Representan los planetas gaseosos y yo aprendí que deben tener en cada lado la misma cantidad de gas porque si no... si uno los deja en una mesa mucho tiempo el líquido se va bajando y miren como quedan”. Muestra un planeta apachurrado. Saca una bolita de plastilina partida a la mitad. “También hicimos los planetas rocosos que son Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Aquí representamos las capas y el núcleo de cada planeta”. Gira su bola mostrando que tiene varios colores al interior. “Está el manto, el núcleo corteza, perdón, la corteza”. Guarda las bolitas y sale dejando en el aire un sonido de bolsa de confites llena de planetas.


Emocionarse es entender, guardar, hacer conexiones. Quedarse con el conocimiento del universo arrugado en una mochila para luego sacarlo, recordar y sonreír.
 

 

Contenidos relacionados
Revista Explora 2018
Una historia de Juan Pablo Gaviria, Director de Innovación y desarrollo. Dar el paso se nos manifiesta otra vez, una...
Revista Explora 2018
Fragmentos de una historia de Olga Ramos y Carlos Valencia Más de una década de innovación pedagógica con...
Revista Explora 2018
Rodolfo Llinás estuvo en el Parque Explora en charla pública el sábado 15 de septiembre, como parte del capítulo de...
Revista Explora 2018
¿Cómo cambiar la escuela? Nos lo cuenta María. Fragmentos de una historia Por: Pepe Menéndez, comunicador y...
Contenido Popular
Ya tienes tu boleta, ¡ahora prepárate para la diversión!   Con tu pasaporte tienes derecho a visitar los...
Biodiversidad y Biología
  26 Minutos | Un documental de Longtail Distribution Network Tentáculos flexibles y alargados; rápidos...
Ciencias Sociales y Humanas
En trinos contamos un poco sobre la Reforma Rural Integral, uno de los puntos del acuerdo en La Habana. Informémonos...
Exploratorio
Foto de Ivana Mondelo. Labirinto en Museo Pele El pasado mes estuvimos participando del Encuentro Internacional de...