Maestr@s escolares como abejas: polinizar el currículo integrando áreas
¿Qué aprendemos, cómo lo aprendemos y, lo más importante, cómo se relaciona esto con la vida cotidiana de l@s estudiantes? Nuestra invitación es conectar con los contextos, a través de experiencias que nos inviten a integrarnos entre colegas, disciplinas e instituciones.
De esa posibilidad hablamos en este podcast con Mariana Flórez, licenciada en educación básica con énfasis en ciencias sociales y profesional de educación del Parque Explora. En este episodio nos cuenta qué significa la integración curricular, por qué es importante, cuáles son sus desafíos y cómo podemos desarrollarla. Conversamos sobre ejemplos concretos de integración como proyectos que nacen de preguntas de los estudiantes, bloques históricos que permiten conectar disciplinas y experiencias desarrolladas desde el Parque Explora para ponerla en práctica y generar aprendizajes más significativos.
¿Qué es integración curricular?
Podría definirla o redefinirla como ese proceso con el cual diseñamos experiencias de aprendizaje de manera colaborativa, en el que participamos varios maestros, donde se juntan las disciplinas en torno a un mismo tema, un proyecto, un problema. Es también esa posibilidad de crear puentes entre el conocimiento y la vida cotidiana. Y, finalmente, es un proceso que busca una educación integral y contextualizada en el lugar en el que estemos como profes.
¿Cuáles crees que son los matices de la integración curricular, qué puede lograrse al implementarla?
Históricamente, la educación ha estado fundamentada en que el conocimiento está fragmentado. En el caso de Colombia, la Ley General de Educación, le da al Ministerio de Educación la responsabilidad de definir cuáles son las áreas obligatorias y fundamentales. Ese ejercicio abre la posibilidad de que distintos gobiernos se piensen la enseñanza.
De ahí han nacido los estándares curriculares, los lineamientos curriculares y los derechos básicos de aprendizaje. Cada una de estas propuestas gubernamentales busca planear de manera más adecuada la educación. Y sus intencionalidades se reflejan en toda la planeación curricular: qué estamos aprendiendo, cómo lo estamos aprendiendo y cómo tejer puentes entre diferentes disciplinas.
Para eso también existen los proyectos pedagógicos en las instituciones educativas, que no solo abordan disciplinas históricas o científicas, sino también temas como medio ambiente o sexualidad. Ese “detrás de” es una intencionalidad muy clara sobre qué aprendemos, cómo lo aprendemos y, lo más importante, cómo se relaciona eso con la vida cotidiana y real.
Ese “detrás de” revela una pregunta generalizada, política, social y cultural: cómo estamos aprendiendo, cuál es la proyección de lo que se enseña y cómo eso que aprendemos se relaciona y tiene coherencia con el mundo real.
¿Qué dificultades enfrentan l@s maestr@s, las instituciones o los estudiantes al aplicar la integración curricular?
Es importante señalar, que la integración curricular es responsabilidad de todo el ecosistema educativo: directivos, familias, estudiantes e incluso la comunidad local, porque debemos pensar en una escuela expandida, que se abre a otros lugares, voces y experiencias.
Entre las principales dificultades está la rigidez de los currículos, todavía muy encasillados. Cambiar esa visión del conocimiento requiere tiempo, formación docente y un acompañamiento sistemático sobre lo que pasa en el aula. También, depende de promover voluntades, porque hay cuestiones administrativas que limitan este trabajo colaborativo.
Además, hay una percepción de superioridad de algunas áreas del conocimiento, lo que puede dificultar el trabajo con otras. También, una débil relación con el contexto: la integración curricular implica pensar permanentemente en cómo articular el saber con la realidad cercana. No sirve mucho traer currículos de otros países, porque la experiencia muestra que esa no es la respuesta.
Finalmente, uno de los mayores desafíos es la evaluación. Si integramos y colaboramos en proyectos: cómo reconocer los alcances de su área o cómo cumplir con los estándares establecidos.
Cuando hablas de “desconexión con el contexto”, ¿te refieres al contexto de estudiantes, de profesores/as o a lo que se enseña?
Eso es sobre todo una invitación a pensar en la cotidianidad, en la vida real. A veces la estandarización de la educación nos aleja de problemáticas reales que tenemos al lado, en nuestros propios lugares de trabajo y en nuestros territorios.
Esa desconexión muchas veces se da porque necesito cumplir con los estándares educativos, llevo un cronograma, tengo una planeación de mi periodo académico y no me puedo salir de ahí porque tengo cosas que cumplir. Entonces, el territorio —que es un espacio lleno de oportunidades, fértil para hacer preguntas y pensar proyectos— muchas veces pasa a un segundo plano.
Además, la educación parte de lineamientos curriculares y derechos básicos de aprendizaje. Son documentos muy bien estructurados, pero lo que hay que hacer con ellos es situarlos, darles un lugar desde donde los nombramos, desde nuestro contexto educativo. Por eso, la desconexión puede estar en varios niveles: en los estudiantes, en el maestro que no encuentra cómo relacionar lo que enseña con la realidad de sus alumnos, o en las dinámicas del sistema educativo que prioriza cumplir con planes estandarizados por encima de problemáticas locales.
Desde tu experiencia en el Parque Explora, ¿qué proyectos o acciones se han desarrollado para promover la integración curricular?
Las instituciones de educación no convencionales, como museos y otros espacios similares, son las principales llamadas a refrescar y abrir posibilidades distintas de pensar la educación.
El Parque Explora está a la vanguardia de procesos educativos a nivel local, nacional e internacional, y eso lo hace clave para la transformación educativa. Los proyectos de formación docente, de creación de contenidos y la comunidad Maestros Amigos de Explora permiten construir comunidad, promover la colaboración y llevar nuevos discursos a las aulas.
También están las ferias de ciencia, como las que hacemos actualmente en Retos Explora. Allí no solo hablamos de ciencia: también se ponen en juego posturas éticas y políticas. Creo que todo esto suma para mostrar cómo podemos conversar con otros colegas, trabajar de manera colaborativa y llevar a los estudiantes a experiencias distintas.
Es una oportunidad importante para la educación pública, porque permite pensarla de manera integradora y contextual.
¿De qué se trató el proyecto de flexibilización e integración curricular con la Universidad de Antioquia?
Nos invitaron a participar en la creación de un kit pedagógico como cierre del proyecto de regalías Flexibilización e integración curricular, liderado por el grupo de investigación MATHEMA de la Universidad de Antioquia.
Nuestra propuesta fue diseñar un experienciario, para construir experiencias pedagógicas desde varias disciplinas. Lo estructuramos con la metodología de las 5E: enganchar, explorar, explicar, elaborar y evaluar.
El kit incluía actividades combinables, cartas de retos, detonantes, contextos y aliados, además de un dado y preguntas que invitaban a pensar la integración curricular desde cero. El gran reto fue que debía servir a todos los niveles educativos y áreas del conocimiento.
El proyecto se implementó en cuatro subregiones de Antioquia: Urabá, Bajo Cauca, Magdalena Medio y Nordeste, llegando a más de 300 maestros. Fue una experiencia retadora y significativa, que mostró cómo es posible abrir caminos hacia una educación más integrada y contextual.
Mirando hacia el futuro ¿qué líneas de trabajo tiene el Parque Explora en torno a la integración curricular?
El proyecto que desarrollamos con la Universidad de Antioquia fue muy revelador. Nos mostró una necesidad educativa que empezó a resonar con fuerza en el área y abrió la posibilidad de preguntarnos qué más podemos ofrecer para la integración curricular.
Aunque no es un concepto nuevo, en los últimos cinco años ha cobrado mucha fuerza y relevancia en nuestro contexto local. Un ejemplo es el artículo publicado este año por el profesor Juan Fernando Garzón, de la Universidad Pontificia Bolivariana, donde revisa quiénes están hablando de integración curricular. Su conclusión es que la mayoría de la bibliografía proviene de fuentes anglosajonas o asiáticas, lo que deja abierta la oportunidad para que América Latina se sume con más fuerza a la conversación.
Si bien muchos maestros han publicado y sistematizado sus experiencias, aún hay debates epistemológicos pendientes y falta claridad en las definiciones. En este sentido, el kit educativo fue un primer paso, pero ahora la pregunta es qué sigue: cómo ampliar la oferta, en qué formatos y cómo hacer realidad la integración curricular en diferentes proyectos.
