Liderazgo educativo para cuidar la vida | Deeper Learning 2025
En Deeper Learning Latam 2025, nos planteamos una pregunta fundamental: ¿Cómo puede el liderazgo educativo promover el cuidado de la vida en todas sus formas?
Más de mil participantes de Latinoamérica compartieron experiencias que proponen la escuela como un sistema vivo, que hace parte de un territorio, de una comunidad y de un ecosistema.
Brigitte Baptiste, rectora de la Universidad EAN, propuso pensar en el liderazgo educativo para la sostenibilidad y la inclusión como un viaje construido desde el autoconocimiento y la historia colectiva. Recordó que el planeta ha sido transformado por ocho mil millones de habitantes y que esas líneas trazadas en mapas revelan nuestra huella en la Tierra. Invitó a pensar “desde dónde hablamos”: una pregunta que impulsa a los y las líderes a identificar su posición en un ecosistema, a contar historias de distintas escalas y a visibilizar la interdependencia entre especies y comunidades .
Sugirió, además, imaginarnos como un pez, un ave o una flor para ampliar nuestra capacidad de cuidar a otros seres, humanos y no humanos, que no se nos parecen.
Otras reflexiones de l@s participantes pusieron énfasis en que las decisiones curriculares y administrativas deben guiarse por principios regenerativos. Desde la incorporación de huertos y rutas de exploración en el currículo hasta la adopción de economías circulares en el uso de recursos.
Estas reflexiones reafirmaron la necesidad de integrar el pensamiento sistémico y la empatía como competencias clave para el liderazgo educativo: habilidades que permiten concebir la escuela como un sistema vivo en el que confluyen estudiantes, familias, docentes, organizaciones locales, empresas y un territorio con sus ecosistemas.
Promover el cuidado de la vida exige líderes dispuest@s a escalar su mirada desde el aula hasta el planeta implementando estrategias como:
Organizar salidas de campo para observar rastros de fauna, realizar inventarios de plantas y usar cámaras trampa en zonas verdes colindantes.
Emplear el territorio como recurso didáctico: huertos escolares, senderos de exploración y conexiones con guardaparques o investigadores locales.
Integrar en el currículo herramientas gráficas, como mapas de transformación del paisaje, para contar cómo ha cambiado el territorio con la acción humana.
Revisar el currículo y la gestión del colegio bajo principios de sostenibilidad: uso eficiente de agua y energía, materiales reutilizables y espacios verdes de descanso.
Incorporar la historia ambiental del planeta —desde los 8 000 000 000 de habitantes hasta las líneas ancestrales de cinco milenios atrás— para contextualizar nuestras decisiones.
Fomentar la economía circular en el centro educativo (reciclaje, compostaje) y diseñar rutas de aprendizaje donde cada ciclo de uso deje un legado de restauración.
Establece alianzas con actores locales —familias, organizaciones, empresas— para proyectos que integren biodiversidad y cultura.
Promueve el conocimiento de la historia colectiva y el impacto humano en el planeta, un recurso que facilita comprender “desde dónde hablamos” y nuestro papel en el ecosistema.
Invita a pensar en nuestra posición en el mundo, cuestionando cómo impactamos los ciclos de la vida.
Fomenta la diversidad de voces en el consejo escolar, reconociendo que la pluralidad fortalece la resiliencia del sistema.
