Saltar al contenido principal
Icono compartir

La Luna a mil

En las noches malas, generalmente nubladas, puede hacerse quince mil pesos y en las buenas, como las de superluna, ha llegado a ganar ochenta mil.

 


En la salida de la iglesia principal de La Ceja, la Basílica Menor de Nuestra Señora del Carmen, había un hombre y un telescopio.

Es un recuerdo de la infancia.

Anderson estaba con su madre. Y pese al ajetreo habitual del parque principal —los feligreses que salían de la primera misa de la noche, el juego de los niños, los puestos de comida, los artesanos—, lo único que llamaba la atención de Anderson era aquel hombre y su telescopio rodeado de una pequeña aglomeración, como un discreto e inusual espectáculo de feria.

Se enteró por los letreros: cobraba quinientos pesos por ver la Luna. Y no recuerda cómo era el hombre ni cómo vestía ni el clima exacto de la noche ni el objetivo de la salida con su madre ni lo que había hecho durante el día —fue hace tantos años—, pero sí recuerda dos cosas con precisión: que era noche de Luna llena y que el hombre tenía un pequeño telescopio refractor.

Anderson le pidió una moneda a su mamá y pagó por un vistazo tan corto a la Luna, que no pensó que lo afectaría para siempre. Luego vinieron el telescopio y los libros de Stephen Hawking heredados por su hermano mayor. Y todo se fue dando más o menos de forma natural: Cuando terminó el colegio, aunque decidió estudiar Ingeniería Mecánica, se inscribió en un diplomado en Astronomía en la sede de la Universidad de Antioquia del Carmen del Viboral y, en 2019, se inscribió en el grupo PROA del Planetario de Medellín, con el fin de competir en las Olimpiadas Nacionales de Astronomía.

Ha asistido, con su hermano menor, que también empieza a interesarse en los astros, al programa Aula bajo las estrellas, del Parque Explora, y a buena parte de la programación del Planetario. En la Yuri’s night, por ejemplo, logró que los dejaran entrar aunque estaba prohibido para menores de edad. “Nos comprometimos a no tomar licor. Solo hicimos los talleres”, dice. Ríe. Tiene también una página de Facebook, Sky Light, con más de sesenta mil seguidores, dedicada a la divulgación de la Astronomía, y acaba de ganarse un premio de la Universidad Nacional por una foto de las montañas del Oriente antioqueño y un cielo azulado reventado de estrellas.

Le gusta la astrofotografía.
Es un aficionado del cielo.
Un apasionado, mejor.
Y tiene apenas diecisiete años.

Como está ahorrando para una cámara propia -—la foto con la que ganó el concurso la tomó con una cámara prestada— y estudia en la universidad, y por tanto va camino a convertirse en un adulto, y cultiva con mayor rigor su interés por la astronomía y es una afición que puede demandar, a veces, algunos gastos importantes, empezó a pensar en una forma efectiva de ganar dinero.

Entonces, a mediados del año pasado, vino el recuerdo. El parque. La iglesia. El hombre del telescopio.

Y le pareció apenas lógico. La primera sesión la armó en compañía de un amigo del colegio. Escogió, no por accidente, una noche de Luna llena. Puso un aviso en Facebook. Diseñó letreros. Entre su amigo y él cargaron el telescopio, a pie, hasta el parque principal del pueblo. Mientras instalaba el telescopio, su amigo pegaba los letreros en la estatua de la Virgen.

Ha sido algo basado en el ensayo y el error. Sabe ya que no tiene sentido montar una observación en días distintos a los fines de semana y que debe ser en fases superiores a cuarto creciente, porque, en fases inferiores, la Luna se esconde detrás de la iglesia, y no puede verse a no ser que se mueva de ese sitio que, lo ha comprobado, es el mejor de todos los posibles. Intentó ampliar la oferta de astros observables (como Saturno y Júpiter), pero con un solo telescopio es muy difícil dejar a todo el mundo satisfecho. En las noches malas, generalmente nubladas, puede hacerse quince mil pesos y en las buenas, como las de superluna, ha llegado a ganar ochenta mil. Es asistido por un grupo variable. A veces, lo ayudan varios amigos. A veces, su hermano menor, Juan Manuel. Responde todas las preguntas que le hacen. Los nombres de los cráteres. Los motivos por los cuales la Luna se puede ver tan grande. ¿Por qué las fases?

Ahora, un fin de semana al mes, en la salida de la iglesia principal de La Ceja, la Basílica Menor de Nuestra Señora del Carmen, hay un hombre joven y un telescopio. Cobraba quinientos, como el hombre del recuerdo, pero ensayó un día cobrar mil pesos y nadie se quejó.