Imágenes de la contracultura, captadas con dispositivos móviles

Entrevista a Santiago Echeverri, artista invitado a Fotosíntesis 2019

Santiago Echeverry, artista que estuvo como invitado en Fotosíntesis 2019, ampliar la mirada, está radicado en Estados Unidos y se fue del país, aproximadamente, en 1995. Aunque tenía dinero suficiente para costear estudios en el exterior, se sentía obligado a demostrarle a su familia las condiciones que lo hacían merecedor de ese privilegio. Fue así como optó por postularse a una beca Fullbright, con la que entonces se fue a cursar, en dicho país, una maestría en Telecomunicaciones Interactivas. Cuenta que ganársela no fue demasiado difícil, pues, desde el 89 había trabajado en el área de medios de la Embajada de Francia, en donde dirigía un programa en el que se exhibía video-arte. Asimismo, había empezado a dictar clases en la Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, en reemplazo de José Alejandro Restrepo, así como en la Universidad de los Andes. Para ese momento ya estaba exponiendo su obra como artista y, dado que sabía programar en HTML, desde esa época alimentaba un sitio web que todavía se encuentra en línea: santi.tv. 

Cuando se le pregunta por las razones que tuvo para irse de Colombia, además del interés puntual en un programa de posgrado, responde que incidió eso mismo que motivó la construcción de Cabaret, obra de 2017 en la que denuncia una situación de seguridad del país, que en la década de los ochenta y noventa, hacía que las personas tuvieran dificultades para movilizarse, bien fuera porque en el centro de las ciudades podían caer víctimas de una bomba o porque salir de la urbe, hacia el campo, los arriesgaba a un secuestro.

Según dice, fue esa presión la que hizo que una contracultura, por supuesto ilegal, se rubusteciera y encontrara ocasiones para manifestarse en medio de la rumba zanahoria, en Bogotá, que  de manera clandestina se extendía hasta altas horas de la noche. El nombre que le da a esta obra, antecesora de BOGUE - Bogotá voguing, trabajo con el que este artista estuvo participando de la pasada edición de Fotosíntesis, que se realizó entre el 3 y el 7 de diciembre, estuvo inspirado, precisamente, en la película Cabaret, protagonizada por Liza Minnelli, pues ese filme plasma un retrato de Berlín, en 1929, cuando, antes de la Segunda Guerra Mundial, los nazis estaban llegando al poder. Dice que así como sucedía en Colombia, especialmente en Cali, Bogotá y Medellín, en ella se respiraba un clima tenso que anunciaba que algo iba a ocurrir, aunque todavía no se sabía muy bien qué. 

Echeverry explica que cansado de lidiar con esto es que en 2003 se va definitivamente para radicarse en los Estados Unidos. Allí, al menos por un tiempo, se siente seguro; sin embargo, esta serenidad se viene al piso cuando el 12 de junio de 2016 ocurre una masacre en una discoteca gay, llamada Pulse, ubicada más o menos a una hora de Tampa, donde todavía hoy reside. En esta 49 personas fueron asesinadas; los hechos ocurrieron en medio de la celebración de una noche latina, y los hechos se le atribuyen a un hombre musulmán, casado, que, quizá por los conflictos que le acarreaba su propia sexualidad, decide arremeter contra esta población. 

En este punto es importante destacar que para Echeverry es claro que las sociedades tiránicas siempre tienen que encontrar un chivo expiatorio; pueden ser los judíos, los mexicanos o las minorías sexuales. Al ser estos el eslabón más débil de la sociedad, cuando se les agrede lo que se hace es crear condiciones para que la identidad de una mayoría -o minoría-, que tiene el poder, se afiance y legitime sus preferencias. Insiste en que el el racismo o cualquier otra forma de discriminación, no consiste, como se ha creído, simplemente en apartar a alguien, sino, más bien, en instituir una condición de superioridad ontológica que queda a la vista cuando se demuestra que a quien detenta el poder lo cubre un régimen distinto, en el que su reputación nunca se ve afectada por condiciones o circunstancias que a los demás les acarrean un castigo. Por otra parte señala que“cuando matas a un marica no solo estás condenando una preferencia, sino que le estás cobrando a un individuo su decisión de no cooperar con el sistema productivo”, de afectar el crecimiento de la población y, con ello, la economía de una nación. 

Por todo lo anterior, Echeverry reconoce que siente una fascinación por ver cómo transcurre la vida en las discotecas, pues, ante la no disponibilidad de otros escenarios, estas se convierten en uno de los pocos espacios “no legislados”, en los que se está a salvo y "se puede ser". En ellas, dice, es posible apreciar las manifestaciones de las minorías sexuales, pero no solo de ellas, sino de otro tipo de disidencias. 

Desde esta perspectiva es que Echeverry se interesa en el trabajo de las Tupamaras, colectivo con el que colaboró para construir BOGUE - Bogotá voguing, obra que estuvo exhibiendo en la pasada versión de Fotosíntesis 2019, festival de luz, tecnología y creación, organizado por el Exploratorio del Parque Explora y la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, que terminó este sábado 7 de diciembre. Cuenta que desde los 90, él mismo practicaba este baile de la comunidad LGTB, en principio afroamericana, que imitaba las poses estereotipadas de las modelos femeninas de las revistas de moda. Fue por esa época que se grabó el documental Paris is burning, que se ocupa de las casas de voguing, y que Madonna grabó su sencillo Vogue. Dice que de ningún modo es comparable lo que se hacía en aquel momento con el nivel que contemporáneamente tienen los bailarines, y se muestra esperanzado al señalar que la libertad con la que se producen estas manifestaciones hoy, en Colombia, hace pensar que aquí las cosas han cambiado. 

Advierte que es su propia teoría, pero que al menos para él es claro que, tal y como la historia demuestra, la falta de cultura política termina por convertirse en un aliciente para la expresión individual; es decir, cuando no hay gobierno ni instancias de representación con las que los individuos se sientan efectivamente identificados , estos se ven forzados a recluirse en el ámbito privado, en donde empiezan a desplegar, entonces, una serie de manifestaciones que aunque pueden parecer intrascendentes nunca los son, pues están cargadas de sentido político. 

A modo de anécdota, cuenta que Camilo, miembro de la House of Tupamaras, resultó haber sido pupilo de Sandra Rengifo, una de sus exalumnas y fue a través de ella cómo se conectó con los miembros de este colectivo, en julio de 2019. Los invitó a su apartamento en Bogotá y luego de que vieran apartes de su trabajo y de que se sintieran fuertemente conectados, consiguió una locación, en un centro de bondage y sado de la ciudad, que contaba con una pequeña pista de baile, en la que los grabó, por más de 4 horas, en el performance que recoge BOGUE. 

La grabación se hizo de modo informal, pues una de las ventajas que ofrece el sensor kinect que usa para las capturas de sus videos es que puede instalarlo en cualquier lugar en el que esté. Este dispositivo no cuesta más de 120.000 pesos y su bajo costo, más su portabilidad, lo convierten en una puerta para explorar las expresiones de la comunidad LGBTQ que, en muchos casos, tienen que darse en la clandestinidad, y que, por supuesto, no tienen visibilidad en los canales institucionalizados. Insiste en que le interesa que la tecnología se vuelva un aliado para que las minorías cuenten su visión del mundo por ellas mismas.

Explica que haber grabado la actuación de las Tupamaras por todo ese tiempo sirvió para que los bailarines empezaran a olvidarse de la tecnología empleada y a concentrarse mucho más en la propia expresión. El corte de 19 minutos que envío para esta versión del Festival permitía que el espectador identificara y rastreara la identidad de cada una de las ellas. Los resultados visuales del kinect son interesantes, afirma, pues las imágenes que produce no son completas; este remueve unos espacios entre las líneas, que, entonces deben ser llenados por el espectador. No es el área definida o el área que aparece la que produce el efecto que más le interesa, sino que es en los espacios vacíos donde para él se genera el arte. En este caso la baja resolución con la que este sensor captura imagen es una ventaja; “hay que cuestionar ese deseo de que todo tiene que ser en 8k”. 

BOGUE - Bogotá voguing es una obra que estudia la luz y la línea y que, conectando punto y línea,  principio básico del dibujo, hace que los espectadores, se vuelvan, con su sombra, parte de la obra. Santiago Echeverry, su creador, insiste en que verse en volumetría es distinto, pues el reflejo del espejo es unilateral. “La volumetría, en cambio, permite que te veas desde muchos ángulos, corta la perspectiva individual”. Por últimos es importante aclarar que, contrario a lo que podría creerse, para eleaborar este video Echeverry no usó secuencias, sino animaciones hechas con una técnica cuadro a cuadro, en las que se emplearon más de 45.000 imágenes, captadas una a una, con volumetría, tecnología que permite registrar las coordenadas de la ubicación de un cuerpo, en 3 dimensiones.