Por favor no lo hagas: ¡mueren por tu pólvora!

¡Pum! significa infartos, terror y abandono de los nidos y de sus crías, huidas sin regreso, vuelos interminables para buscar refugio, no encontrarlo y luego, emplumado latido derrotado, caer y morir exhausto. ¿Qué se celebra si mueren tantos inocentes?

¡Pum! estallido de la torpeza fatal, exhibición de violencia evitable, de incapacidad de reflexión, de desmesura que revela medianía. Esta es una hora urgente en la historia de la vida sobre la Tierra, es impostergable cambiar y pensar en los derechos de los otros. De la vida de ellos depende también la nuestra.

Esta vez no. NO lo hagas. La catástrofe de los animales es también la tuya. Piensa que eres un ave, duermes y algo estalla y enciende súbitamente el cielo. Huye. Pero huye esta vez hacia el fondo, ese lugar extraño en el que todos podemos ser buenos.

 

Bailar en rondas locas tu llegada, mirar con amor atento hasta una lavada de dientes, jugar con lo que sea, desde una tapita hasta una media; oler, comer, rascarse, lamer harinas y esperar... ¿por qué morir es el destino de estos inocentes a causa de tus celebraciones con pólvora?

Infartados, atropellados, perdidos, heridos de muerte al huir enloquecidos por los estruendos y los fogonazos evitables de una fiesta que, finalmente, no lo es. Con estas muertes ¿quién y qué celebra?

Los humanos oímos sonidos de hasta 20.000 hertzios, los perros de 10.000 a 50.000 hertzios y los gatos hasta 65.000 hertzios. Esto sin hablar de otras mediciones como la intensidad y los impactos en otros mamíferos como las vacas o los murciélagos -mamíferos alados- o en las aves y otros inocentes para los que, en todo caso, este exceso obsceno significa: terror.

Esta vez no. NO lo hagas. La catástrofe de los animales es también la tuya. Piensa hoy que eres perro, que duermes y oyes que todo estalla y enciende el cielo. Huye. Huye como ellos. Pero huye ya hacia tu propio fondo, ese lugar extraño en el que todos podemos ser buenos.