AMEBA: Dinosaurios en vuelo
Así como las aves se lanzan en vuelo desde que son polluelos para dejar el nido, algunos dinosaurios también volaron hace millones de años con alas formadas por membranas de piel y de músculo. Estos vuelos inaugurales, sin plumas, nos recuerdan que las aves son las parientes más cercanas de los dinosaurios, quizás desde que un grupo de estos lagartos gigantes renunció a ser caminantes.
En los años setenta se empezó a plantear que los dinosaurios se parecían mucho a los pájaros. Eran animales de sangre caliente, eran inteligentes, muy activos, coloridos, tenían vidas ocupadas… Esta tendencia, muy controvertida, se combinó en la década de los noventa con el descubrimiento, a partir de fósiles chinos, de que los dinosaurios tenían plumas, como los pájaros. Y después se descubrió que estas plumas tenían colores y patrones de colores.
¿Qué más decir, entonces, del origen del vuelo, de estas escamas reptilianas reconvertidas en alas? Te invitamos a una nueva sesión de lectura del libro Una (muy) breve historia de la vida en la Tierra, del paleontólogo y divulgador Henry Gee.
En este profuso análisis, el paleontólogo enfatiza en que los dinosaurios estaban diseñados para volar, algunos de ellos con cuerpos relativamente cortos por delante de las caderas, finalizados por una cola larga y rígida que les ayudaba a pararse sobre sus extremidades traseras sin esfuerzo.
“Construidos como una larga palanca, en equilibrio sobre largas piernas, los dinosaurios tenían un sistema de coordinación que controlaba su postura constantemente. Sus cerebros y sus sistemas nerviosos eran tan agudos como los de cualquier animal que haya existido. Todo esto significaba que los dinosaurios no sólo podían estar de pie, sino también correr, pavonearse, pivotar, y hacer piruetas con un aplomo y una gracia que la Tierra no había visto antes. Resultó ser una fórmula ganadora”, explica Gee.
Los ancestros de las aves, generación tras generación, empezaron a batir las extremidades cada vez más hasta alzarse en el aire. Necesitaron millones de años de adaptaciones: plumas, un metabolismo acelerado, la capacidad de mantener el aire bajo control, cuerpos ligeros y versátiles.
Por eso, cada vez que veas un ave entre las ramas de un árbol, podrás repasar el camino evolutivo que hizo posible los primeros despegues de sus parientes lagartos hasta habitar, en extensos vuelos, todos los hábitats de la Tierra.
Si te dedicas a la investigación, la divulgación, eres estudiante universitario o, en todo caso, te interesa la Astrobiología, te invitamos a participar en AMEBA, un grupo en el que caminamos la pregunta por la vida propia y la de otras especies —terrestres o extraterrestres— leyendo libros o artículos científicos y de divulgación, viendo documentales y películas, entre otros.
Acompáñanos en esta próxima sesión el martes 25 de abril a las 6:30 p.m. en la sala de reuniones del Planetariode Medellín. Entrada libre

