Ciencia ficción transfeminista: Mugre rosa | Parque Explora
Hay libros que imaginan el fin del mundo como espectáculo; Mugre rosa lo hace como atmósfera. La novela de Fernanda Trías se instala en una ciudad costera sin nombre donde una niebla rosada —tóxica, persistente— ha alterado la vida cotidiana hasta volverla irreconocible. Pero más que explicar la catástrofe, el texto se concentra en sus efectos íntimos: el encierro, la precariedad, la fragilidad de los vínculos y del propio cuerpo.
La protagonista narra desde una especie de aislamiento vigilante. Cuida a un niño enfermo mientras su mundo se reduce a rutinas mínimas, alimentos escasos y noticias fragmentarias. La amenaza no solo viene de afuera (esa “mugre” que contamina el aire), sino también de adentro: el deterioro físico, la ansiedad, la sospecha constante. Trías construye así una tensión que no necesita grandes giros argumentales; basta la acumulación de pequeñas incomodidades para sostener una inquietud profunda.
Uno de los mayores logros del libro es su lenguaje: sobrio, contenido, casi clínico, pero atravesado por momentos de extrañeza poética. Esa economía expresiva potencia la sensación de asfixia. No hay exceso, no hay alivio fácil. Todo parece medido, como si incluso las palabras estuvieran racionadas en ese mundo en crisis.
Leída desde una clave de ciencia ficción transfeminista —como propone el club—, Mugre rosa abre preguntas sugerentes. El cuerpo aparece como territorio vulnerable y mutable, expuesto a fuerzas ambientales que lo desbordan. Las redes de cuidado (precarias, tensas, no idealizadas) sostienen lo poco que queda de lo humano. Y la incertidumbre radical del entorno cuestiona cualquier idea de control o estabilidad: ¿qué significa habitar un cuerpo cuando el mundo mismo se vuelve inhabitable?
Más que ofrecer respuestas, la novela incomoda. No busca consolar ni cerrar; deja al lector en un estado de alerta silenciosa. En ese sentido, es una obra profundamente contemporánea: dialoga con pandemias, crisis ecológicas y aislamientos recientes sin nombrarlos directamente.
Para un espacio como Rumores, Mugre rosa funciona muy bien como detonante de conversación: invita a pensar en los límites entre lo íntimo y lo político, en cómo se construyen (y se sostienen) los cuidados en contextos extremos, y en las formas en que la ciencia ficción puede narrar no tanto futuros lejanos, sino presentes intensificados.
¿Qué es el club Rumores de lectura y escritura de ciencia ficción transfeminista?
Es un espacio de exploración académica y creativa en torno al cine y la literatura de Ci-Fi, coordinado por Sara Lugo, bióloga, PhD Historia de la Ciencia, investigadora y profesora.
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