Coloquio de astronomía: mapas 3D del universo invisible
Entramos en un un periodo de descubrimientos extraordinarios que están reescribiendo nuestra comprensión, dominado por componentes invisibles, donde la materia ordinaria representa solo una pequeña fracción del total: avances exponenciales impulsados por nuevas tecnologías, grandes observatorios y preguntas fundamentales sobre el origen, la composición y el destino último del universo.
Misiones cosmológicas como Euclid están produciendo mapas tridimensionales sin precedentes de la distribución de galaxias y materia oscura, ofreciendo nuevas claves sobre la energía oscura y la estructura a gran escala del cosmos, y complementando los hallazgos de telescopios espaciales de nueva generación como el James Webb. Gracias a estas observaciones, se están identificando galaxias extremadamente distantes y las primeras estructuras del universo, lo que permite reconstruir cómo se formaron y evolucionaron en los primeros cientos de millones de años tras el big bang.
Paralelamente, el estudio de objetos cercanos a la Tierra (NEAs) y de objetos interestelares que atraviesan nuestro sistema solar abre nuevas ventanas para comprender el origen y la dinámica de los sistemas planetarios, que también son potenciados por el análisis de atmósferas de exoplanetas avanza de manera acelerada, revelando su composición química, sus climas extremos y su posible habitabilidad, y en última instancia, la búsqueda de condiciones favorables para la vida más allá de la Tierra.
Pero una de las mayores sorpresas han sido los posibles indicios observacionales de estrellas oscuras supermasivas, que podrían haber sido alimentadas por materia oscura en el universo temprano, detectadas por el James Webb, lo que plantea una conexión profunda entre la física fundamental y la formación de las primeras fuentes luminosas.

