Construyamos un nido de aves en familia
Es posible vivir en una lágrima de hierba, como las de los mochileros, oropéndolas o gulungos, aves americanas que construyen nidos en forma de lágrimas, urdimbres perfectas de 30 a 40 centímetros que cuelgan de los grandes árboles en el Amazonas o en bosques de montaña. También es posible dormir en columpios de hoja cosidos con telarañas, como lo hacen los sastrecillos dorsiverdes, o en refugios de copa, o de barro como los del hornero, o madrigueras con túneles como el del avión zapador. Este sábado, 14 de marzo, las niñas, los niños y sus familias construirán su propio nido de ave.
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En este taller de nidos aprenderemos sobre estas arquitecturas acuáticas, arbóreas, o fabricadas en el suelo, entre rocas y marañas vegetales. Veremos nidos cuencos como los de los colibríes, los reyezuelos y algunos vencejos, o nidos de saliva como los de las salanganas, repisas casi verticales, blancas y translúcidas, hechas de baba endurecida y adherida a las rocas.
Conoceremos flotadores como los de zampullines y colimbos, aglutinados en el agua con juncos, lodo y cañas o gigantes como los de los megápodos, enormes montículos de vegetación en descomposición en los que los machos entierran y cuidan los huevos.
Hay nidos plato que son apenas un rasguño en la arena o una discreta oquedad, o recámaras cinceladas en los troncos de los árboles, como las del carpintero.
Forrados en líquenes, en musgo o plumón, los nidos calientan, camuflan y evitan que los huevos se rompan. Algunos están revestidos de plantas aromáticas que confieren propiedades insecticidas y otros son numerosas colonias, como los de flamencos o gaviotas. Grietas hospitalarias sirven de nido a aves como el pamperito ceniciento o el búho real.
Sorprenden los nidos de todas las aves, impermeables resistiendo el viento y la lluvia, altísimos en el dosel del bosque o prendidos de un acantilado.

