El marchitarse de los animales flor
Los corales son hogar y refugio de la diversidad marina, de ellos depende hasta el 25% de la vida en el mar. Algas, erizos de mar, esponjas, estrellas de mar, tiburones, mantarrayas, langostas, camarones, pulpos, caracoles son solo algunos de los habitantes de estos ecosistemas.
En las grietas de los corales se esconden, por ejemplo, los poliquetos, pequeños gusanos, parientes de las lombrices de tierra, mientras extienden sus sedosos tentáculos para filtrar el agua en busca de plancton y partículas nutritivas en el sedimento marino.
Allí, en los corales, también viven peces como los loros, llamados así por su boca dura y en forma de pico. Los peces loro cambian de sexo, tienen dientes en la garganta y trituran los corales para luego defecarlos en forma de arena blanca: uno solo de estos peces puede producir unos 100 kilos al año.
Los corales son animales roca, combinan el dióxido de carbono que producen al respirar con el calcio del océano para formar sus esqueletos, que crecen unos pocos centímetros al año.
Este lento proceso se prolonga tanto que algunas estructuras coralinas tienen siglos de antigüedad. Las corrientes oceánicas pueden cambiar la forma del coral, por esta razón, la misma especie puede verse diferente según las corrientes de agua circundantes.
Pero la monumental belleza de los corales está signada por su gran fragilidad. Según estimaciones científicas, el 90% de estos ecosistemas habrá desaparecido para el año 2050. Las actividades humanas causantes de la crisis climática global están matando los arrecifes de coral.
El aumento de las temperaturas oceánicas hace que los corales expulsen las algas microscópicas que viven dentro de ellos y les dan energía. Sin ellas, los corales se estresan, pierden su color —se blanquean—y, en la mayoría de los casos, mueren.
Descubre el esplendor y la fragilidad de estos ecosistemas marinos en el próximo episodio del Coloquio de biodiversidad. Viernes 26 de agosto a las 7 p.m.

