La música del barro: taller virtual
El barro puede cantar, de la misma forma en la que todos hacemos música. Basta cerrar un rato los ojos para concentrarse en la sinfonía que retumba dentro: el corazón que palpita, el estómago que cruje, la nariz que resopla o que silba. La vida—y su movimiento— no hace silencio: las burbujas estallan en el lavaplatos, las hojas de los árboles son batidas por el viento, las aves cantan, las abejas zumban cargando el polen entre sus patas, tu corazón latirá hasta 3.500 millones de veces en una vida. Cantamos en la ducha, cuando nuestro micrófono es la botella de champú o el cepillo de dientes y el eco del baño nos envuelve en su acústica magnífica de paredes recubiertas de azulejos.
Por eso, basta un poco de barro, como el de las vasijas, para hacer una canción. Algunos instrumentos musicales han sido tradicionalmente fabricados en barro o arcilla, como la ocarina, un pequeño cuenco que deja pasar el viento a través de agujeros y que no tiene llaves.
En estos instrumentos de viento o aerófonos, el sonido empieza por la vibración de la presión del aire en su interior, como en una caracola de mar.
¿Qué hace que un ensamble de sonidos se llame música? ¿Cómo evolucionó el cuerpo humano y su capacidad de sonar?
En este taller crearás silbatos de barro y pondrás a prueba tu cuerpo como instrumento para abordar estas y otras preguntas sobre la música.

