La gran aurora boreal vista en Montería, Colombia, durante el evento Carrington de 1859
El 1.º y 2 de septiembre de 1859, habitantes de Montería presenciaron un fenómeno celeste sin precedentes: una aurora boreal a solo 8° 45' N de latitud, uno de los registros más cercanos al ecuador en la historia.
Un fenómeno celeste en el trópico colombiano
Miles de personas se desplazan cada año hasta los extremos del planeta para observar las auroras polares, esos fascinantes espectáculos de luces producidos por la interacción entre el campo magnético de la Tierra y las partículas cargadas del Sol. Sin embargo, en la madrugada del 2 de septiembre de 1859, los habitantes de Montería, Córdoba, fueron testigos de este fenómeno celestial sin necesidad de viajar a latitudes polares.
Freddy Moreno Cárdenas, ingeniero químico y especialista en astronomía, junto con investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, realizó una exhaustiva búsqueda en registros históricos de las ciudades del norte de Colombia. Su investigación permitió identificar una narración detallada de este evento en Montería, ubicada a 8° 45' de latitud norte, convirtiéndola en uno de los registros de auroras boreales más cercanos al ecuador documentados durante el evento Carrington.
¿Qué son las auroras boreales y cómo se producen?
Hasta hace aproximadamente un siglo, el origen de estos fenómenos luminosos era un misterio. En la antigüedad se pensaba que eran emanaciones de cometas, pero hoy sabemos que las auroras se producen cuando partículas cargadas del viento solar interactúan con la magnetosfera terrestre.

El proceso ocurre cuando las partículas solares cargadas eléctricamente chocan con la magnetosfera, la esfera protectora generada por el campo magnético terrestre. Esta magnetosfera está formada por líneas invisibles que parten de los dos polos, como en un imán. Cuando estas partículas llegan a la Tierra, son guiadas por el campo magnético hacia los polos, donde entran en contacto con los gases de la atmósfera, principalmente oxígeno y nitrógeno.
Al chocar con átomos y moléculas en la atmósfera, las partículas solares transfieren energía, excitando a estos átomos. Cuando los átomos regresan a su estado fundamental, liberan la energía en forma de luz, creando las impresionantes auroras. Los colores que observamos dependen del tipo de átomo con el que interactúan las partículas: el oxígeno produce tonos verdes y rojos, mientras que el nitrógeno genera colores azules y púrpuras.
El evento Carrington: la tormenta solar más intensa registrada
El jueves 1 de septiembre de 1859, el astrónomo inglés Richard Carrington observó por primera vez un destello de luz visible sobre la superficie del disco solar. Mientras dibujaba bocetos del grupo de manchas solares número 520 en su observatorio de Redhill, Inglaterra, Carrington fue testigo de una explosión de luz blanca que duraría aproximadamente cinco minutos.
Así describió el científico británico lo que presenció:
"La observación de este notorio y esplendido grupo del primero de septiembre ha tenido algo notorio. El señor Hodgson en Highgate y yo en Redhill hemos sido testigos de una singular explosión de luz la cual duró cerca de cinco minutos moviéndose sensiblemente sobre el contorno de la mancha, en una cantidad que ha sido publicada en el Monthly Notices of the R. A. Society de noviembre de 1859…"
— Richard Carrington, 1863
Esta tormenta solar, conocida hoy como el evento Carrington, se considera la más potente registrada en la historia. Tuvo registros en el polo sur, polo norte, América Central y Europa. Solo diecisiete horas y cuarenta minutos después de la observación de Carrington, la eyección de masa coronal llegó a la Tierra, desencadenando efectos visibles y tecnológicos sin precedentes.
Efectos del evento Carrington en la Tierra
A partir del 28 de agosto de 1859, se observaron auroras que llegaban hasta el norte de Colombia. El pico de intensidad fue el 1 y 2 de septiembre, y provocó el fallo de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte.
La aurora boreal sobre las Montañas Rocosas en Estados Unidos fue tan brillante que despertó a buscadores de oro, quienes comenzaron a preparar el desayuno creyendo que había amanecido. También se reportó que personas en el noreste de Estados Unidos podían leer el periódico bajo la luz de las auroras.
Las corrientes inducidas geomagnéticamente por el campo electromagnético causaron que los sistemas telegráficos de toda Europa y América del Norte fallaran, en algunos casos dando descargas eléctricas a sus operadores. Los postes telegráficos arrojaban chispas. Algunos operadores pudieron continuar enviando y recibiendo mensajes a pesar de haber desconectado sus fuentes de energía.
El registro histórico de Montería
Según el relato del sacerdote José Inés Ruiz, vicario de Montería en aquel momento, "En marzo de 1859 los habitantes de la ciudad contemplaron estupefactos un fenómeno celeste que semejaba un incendio de vastas proporciones. Negros nubarrones surcados a cada instante por candelazos de extraños fulgores; inmensas lenguas de llamas y deslumbradores globos ígneos que se deshacían para volver a encenderse segundos después, daban la impresión de cien volcanes en erupción".
Varios diarios locales reportaron un "incendio celeste de vastas dimensiones, candelazos de extraños fulgores y una enorme 'S' en el cielo". Los rastros de este evento se encuentran en el libro bautismal de la Catedral de Montería, donde aparecen incluso algunos dibujos sobre la aurora.
Los investigadores Freddy Moreno, director del Centro de Estudios en Astrofísica, y Sergio Cristancho y Santiago Vargas de la Universidad Nacional de Colombia, determinaron que estos eventos narrados por el religioso coincidieron con lo que se conoce como el evento Carrington. La descripción concuerda con varios aspectos morfológicos de las auroras, como las conocidas formas de S, el gran resplandor, e incluso zonas o parches oscuros que hoy se describen como aurora negra.
Durante ese evento, las brújulas en Montería "se volvieron locas", porque el campo magnético de la Tierra quedó afectado por el choque de partículas del viento solar con la atmósfera terrestre.
¿Por qué se pudo ver la aurora en Colombia?
La tormenta geomagnética de 1859 fue de tal magnitud que el campo magnético terrestre se deformó completamente, permitiendo la entrada de partículas solares hasta la alta atmósfera y provocando extensas auroras boreales que llegaron hasta latitudes muy bajas.
Para la observación del evento Carrington en Colombia hubo un detalle favorable desde el punto de vista geomagnético: la posición del polo geomagnético va cambiando con el tiempo. La muy baja latitud del polo geomagnético norte en 1859, el valor más bajo en más de medio milenio, permitió las observaciones de eventos aurorales en ubicaciones más cercanas al ecuador.
Durante las tormentas geomagnéticas más intensas, cuando las auroras se expanden hacia el ecuador geomagnético, ocasionalmente estos fenómenos luminosos se vuelven visibles en latitudes tropicales. Las ubicaciones de estas auroras durante el 28 y 29 de agosto fueron de 36.5 grados de latitud geomagnética, y durante el 1 y 2 de septiembre, de 32.7 grados.
Importancia científica del hallazgo colombiano
El hallazgo de esta crónica representa una de las descripciones más completas de avistamientos de auroras a bajas latitudes causadas por el evento Carrington. Según Freddy Moreno Cárdenas, aunque hay reportes en Panamá y en Cuba sobre esta aurora, son bastante cortos de información. En cambio, Colombia cuenta con un reporte que tiene más detalles sobre el fenómeno, cómo fue y qué se puede observar en una aurora de bajas latitudes.
La investigación sobre este evento histórico fue publicada en la revista científica Advances in Space Research, contribuyendo al conocimiento sobre las tormentas solares extremas y sus efectos en latitudes bajas.
¿Qué pasaría si ocurriera hoy un evento similar?
Si la tormenta de Carrington ocurriera en la actualidad, las consecuencias serían mucho más graves que en 1859, cuando la civilización tecnológica estaba en sus inicios. Hoy, los satélites artificiales dejarían de funcionar, las comunicaciones de radio se interrumpirían y los apagones eléctricos tendrían proporciones continentales, con servicios interrumpidos durante semanas.
Un estudio conjunto de Lloyd's de Londres y Atmospheric and Environmental Research estimó que el costo de un evento similar al de Carrington en Estados Unidos sería de entre 600 mil millones y 2.6 billones de dólares. Según la Agencia Espacial de México, podría dañar muchos satélites artificiales, los servicios de comunicación se verían interrumpidos y podrían acontecer apagones eléctricos a nivel mundial.
El 23 de julio de 2012, una tormenta solar de clase Carrington fue observada, pero su trayectoria pasó cerca de la Tierra por un margen de aproximadamente nueve días. Durante las tormentas solares de mayo de 2024, una aurora boreal fue avistada tan al sur como Puerto Rico, recordando que estos fenómenos siguen siendo una amenaza potencial para nuestra infraestructura tecnológica.
Conclusión
El registro de la aurora boreal vista en Montería durante el evento Carrington de 1859 constituye un valioso testimonio histórico y científico. Este fenómeno demuestra la magnitud que pueden alcanzar las tormentas solares y su capacidad para afectar regiones del planeta que normalmente están alejadas de la actividad auroral.
La investigación liderada por Freddy Moreno Cárdenas y el equipo de la Universidad Nacional de Colombia ha permitido recuperar y documentar este acontecimiento, contribuyendo al conocimiento sobre el clima espacial y la necesidad de prepararnos para futuros eventos de esta naturaleza.
