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Fotografía intervenida.  Abarcando toda la imagen, el rostro de Pepe Menéndez, con su mirada dirigida hacia el lado izquierdo, con líneas de expresión marcadas, cabello largo y blanco, una sonrisa evidente y barba bien definida. - Imagen ¿Cómo conectar con mis estudiantes?

¿Cómo conectar con mis estudiantes?

¿Cómo cambiar la escuela?

Nos lo cuenta María. Fragmentos de una historia

Por Pepe Menéndez

Comunicador y consultor en procesos de transformación profunda de la educación. Fue directivo de Jesuïtes Educació, que imaginó, diseñó y desarrolló el proyecto de transformación educativa "Horitzó 2020" en Cataluña

María tiene 14 años y estudia secundaria en una escuela en Barcelona. Como muchos adolescentes de su edad, divide su tiempo entre las clases, los amigos y las pantallas. Sin embargo, algo está a punto de despertar en ella una inquietud que transformará su manera de entender el aprendizaje.

Un domingo por la noche, mientras ve la televisión, escucha una noticia que la impacta profundamente. La policía ha decomisado en el puerto de Barcelona una gran carga de ropa que pretendían entrar ilegalmente. Lo que más impresiona a María es que la ropa había sido elaborada por niños y niñas de ocho años de edad en otro país. María sintió un escalofrío. ¿Cómo es posible una noticia así? ¿Por qué hay niños trabajando en fábricas mientras ella puede ir a la escuela?

A la mañana siguiente María quiere compartir su inquietud con sus compañeros y profesores. Como cada mañana, los alumnos se sientan en unas gradas al inicio de la jornada. Este espacio de encuentro, conocido como asamblea matinal, es uno de los rituales más importantes de su escuela. Y María expresa su inquietud: ¿Por qué existe la explotación infantil? ¿Por qué compramos ropa hecha por niños y niñas de ocho años de edad? La pregunta resuena en el corazón de sus compañeros y compañeras, y sus antenas se agitan enérgicamente. Esta escena es algo habitual en el colegio de María, donde las preguntas de los estudiantes son el motor del aprendizaje.

El aprendizaje basado en proyectos: cuando el currículo cobra vida

Su curso lo componen sesenta alumnos y tres profesores, de Lengua, Ciencias y Humanidades. Esta configuración, que puede parecer poco convencional, es parte fundamental del modelo educativo que practican. Los profesores se sienten interpelados y proponen trabajar en un proyecto que dé respuesta a la inquietud de María. El tema encaja perfectamente con los proyectos que los profesores han preparado, relacionados con el temario oficial. Así que les proponen estudiar el feudalismo, la Revolución Industrial y algunos efectos de la globalización.

Esta metodología, conocida como aprendizaje basado en proyectos, permite conectar diferentes áreas del conocimiento en torno a una pregunta significativa para los estudiantes. En lugar de aprender Historia por un lado y Lengua por otro, los alumnos descubren cómo estas disciplinas se entrelazan para explicar fenómenos complejos del mundo real.

Y, yendo más allá, les proponen explorar la información, ordenarla, intercambiar puntos de vista, e incluso redactar sus averiguaciones en grupos de a cuatro para cribar su veracidad. Aprenden a distinguir fuentes fiables de aquellas que no lo son, desarrollando un pensamiento crítico que les será fundamental en la era de la desinformación. También les proponen el diseño de una creación artística que sea ejemplo de esas conclusiones y, finalmente, compartirla en el gran grupo. En realidad, los profesores están activando competencias relacionadas con la lengua, la Historia, el análisis crítico y la creación artística. Les están ayudando a crear conocimiento colectivo.

La metacognición: aprender a aprender

Les están ayudando a desenvolverse en el mundo del mañana. Cuando acaba la jornada los profesores proponen a los alumnos reunirse otra vez en las gradas. Es el momento de adquirir conciencia de cómo aprendemos: hacernos conscientes de cómo aprendemos es una de las mejores inversiones de una persona; es el momento de fijarse en los procesos, de pararse, de mirar hacia dentro.

Este proceso, llamado metacognición, es una de las habilidades más poderosas que puede desarrollar un estudiante. Cuando un alumno entiende cómo funciona su propia mente, qué estrategias le funcionan mejor y cuáles son sus puntos débiles, se convierte en un aprendiz autónomo capaz de seguir formándose durante toda su vida.

Y también es el momento del agradecimiento, una de las prácticas más habituales de la espiritualidad de los jesuitas. Los alumnos reconocen las aportaciones de sus compañeros, celebran los logros colectivos y reflexionan sobre lo que han aprendido unos de otros.

María vuelve a casa convertida en un torrente apasionado que quiere explicar a sus padres lo que ha vivido y lo que ha aprendido en la escuela. Sus padres se miran atónitos de que una adolescente quiera compartir lo que ha aprendido en el colegio. Esta reacción, tan diferente al típico "nada" que muchos padres reciben cuando preguntan qué hicieron sus hijos en clase, es uno de los indicadores más claros de que algo profundo ha cambiado en la experiencia educativa.

Horizonte 2020: un proyecto de transformación educativa integral

Esto que les estoy explicando existe. Se llama Horizonte 2020. Yo tuve el privilegio de formar parte del equipo directivo que lo ideó, diseñó y lanzó hace años en las escuelas de jesuitas de Cataluña, situadas todas ellas en contextos sociales diferentes, de alumnos y educadores trabajando en red.

El proyecto Horizonte 2020 es un proyecto de cambio sistémico a partir de una serie de acciones simples, que no implican grandes presupuestos y que se pueden aplicar en muchos tipos de escuelas; que solo necesitan ilusión, vocación y un tiempo de formación diferente. No se trata de comprar tecnología de última generación ni de construir edificios futuristas. Se trata de cambiar la manera en que concebimos el aprendizaje y el rol de profesores y estudiantes.

Los tres fundamentos de Horizonte 2020

Primer fundamento: conectar la escuela con las vidas de los alumnos

El primero es conectar la escuela con las vidas de los alumnos: aprender lo que queremos ser. Como en el caso de María, ella lanza la inquietud desde sus vivencias, desde sus emociones, y los profesores proponen un proyecto que conecte con esa inquietud. Aprender es vivir experiencias que nos dejan huella, nos señaló el padre Vila, y nosotros lo estamos poniendo en el centro del sentido de la escuela.

Este enfoque reconoce que los estudiantes no son recipientes vacíos que hay que llenar de información, sino personas con intereses, preocupaciones y sueños propios. Cuando el aprendizaje conecta con estas dimensiones personales, se vuelve significativo y memorable. Los alumnos no estudian solo para aprobar exámenes, sino porque genuinamente quieren entender el mundo que les rodea.

Segundo fundamento: empezar con preguntas, no con respuestas

El segundo fundamento es empezar los trabajos escolares con preguntas que los alumnos deben buscar y responder: lo contrario de profesores que empiezan dando todas las respuestas para memorizar. Como en el caso de María, la actualidad nos proporciona muchas preguntas posibles para los alumnos.

En nuestras escuelas los estudiantes trabajan durante varias semanas en proyectos que los profesores, de diferentes disciplinas, han preparado previamente. Para eso necesitábamos introducir cambios radicales en la escuela, y romper mitos como la división por asignaturas o la idea de que con pocos alumnos se aprende mejor.

Nosotros hemos conformado grupos numerosos que nos permiten tener tres profesores en el aula, lo cual también nos permite socializar el aprendizaje, mezclar las disciplinas, llegar a una mayor diversidad de alumnos y hacer viable el proyecto económicamente. Esta codocencia permite atender mejor a la diversidad del aula, ya que mientras un profesor trabaja con un grupo, otro puede dar apoyo individualizado a quienes lo necesitan.

Tercer fundamento: la transformación del rol docente

El tercer fundamento es cambiarnos el chip como profesores. Desde nuestra ilusión, hemos tenido que aprender a trabajar de formas en las que nunca fuimos enseñados, y desaprender para aprender de otra manera. Aprender, por ejemplo, los instrumentos que los alumnos deben aplicar en el aula, como el trabajo cooperativo o el trabajo por proyectos.

Esta transformación no es sencilla. Muchos profesores llevan décadas trabajando de una manera determinada, y cambiar requiere humildad, valentía y apoyo institucional. Hemos conocido un proceso de mayor protagonismo y empoderamiento para ir más allá de recitar información. Y también nos hemos dotado de instrumentos para la evaluación integral, que nos permiten acompañar a los alumnos para que sean conscientes de lo que saben y de lo que son capaces de hacer. Hemos cambiado la función tradicional de los profesores.

El docente deja de ser el centro del proceso educativo para convertirse en un facilitador, un guía que acompaña a los estudiantes en su proceso de descubrimiento. Esto no significa que el profesor sepa menos o tenga menos autoridad, sino que ejerce su expertise de manera diferente, diseñando experiencias de aprendizaje ricas y acompañando a cada alumno según sus necesidades.

Un movimiento global de transformación educativa

Esto que les cuento no solo pasa en nuestras escuelas: está ocurriendo en muchísimos lugares del mundo. ¿Ustedes se imaginan lo que significa, después de tantos siglos de hacer lo mismo, un cambio de estas dimensiones en tantas escuelas del mundo?

En Cataluña, por ejemplo, en los dos últimos años, más de 500 escuelas, públicas y privadas, hemos estado trabajando juntos para profundizar en este proceso de transformación. En realidad, es como una especie de primavera pedagógica que estalló por la ilusión de tantos maestros y la demanda de tantas familias que intuían que la educación podía y debía ser diferente.

Resultados que avalan el cambio metodológico

Al principio nuestros profesores tenían miedo de que este modelo pudiera afectar negativamente los resultados de las evaluaciones estandarizadas. Era una preocupación legítima: ¿qué pasará con las notas? ¿Aprenderán los contenidos que necesitan?

Pero cinco años después de haber comenzado el proyecto, los resultados académicos no solo siguen altos, sino que hemos conseguido llegar a una mayor diversidad de alumnos. Estudiantes que antes se sentían excluidos del sistema educativo tradicional han encontrado en esta metodología una manera de brillar y demostrar sus capacidades.

Y, lo que es más importante, tres grupos internacionales de investigación universitarios nos señalan avances notables en el clima del aula, la creatividad de los alumnos y los efectos del trabajo cooperativo. Los estudiantes no solo aprenden los contenidos curriculares, sino que desarrollan habilidades fundamentales para el siglo XXI: colaboración, pensamiento crítico, comunicación y creatividad.

El futuro de la educación: conectar escuela y vida

[…]

Yo creo que estamos despertando de un largo letargo y estamos llegando a una clara convicción: educar es conectar la escuela con el proyecto de vida de cada uno de nuestros alumnos.

La pregunta que María hizo aquel lunes por la mañana no solo transformó su manera de aprender sobre la globalización y la justicia social. Transformó también a sus compañeros, a sus profesores, y demostró que cuando la educación parte de la vida real de los estudiantes, el aprendizaje se convierte en algo verdaderamente significativo y transformador.

El reto que tenemos por delante es enorme, pero las experiencias de miles de escuelas en todo el mundo demuestran que el cambio es posible. Solo hace falta voluntad, formación y la convicción de que nuestros estudiantes merecen una educación que les prepare no solo para aprobar exámenes, sino para construir un mundo mejor.