«Perfecta
desde la cintura,
el abdomen rayado
por barrotes oscuros,
la cabecita
siempre
preocupada
y las alas
recién hechas de agua»
Oda a la abeja, Pablo Neruda.
Pequeñas, numerosas, delicadas, laboriosas e imprescindibles. Las abejas vuelan y zumban de una flor a otra para beber néctar y así, sin saberlo, transportan en órganos que parecen canasticas adheridas a sus patas los granos de polen que luego fecundarán, con suerte, óvulos de otras plantas y formarán nuevas semillas.
Este tipo de reproducción vegetal asistida se llama polinización y a ella debes agradecerle uno de cada tres bocados de tu comida. De las abejas depende nuestra vida y la de todas las especies del planeta. Aún así, su vida peligra por los monocultivos, especies patógenas, pesticidas, el cambio climático —que altera las épocas de floración—, entre otros.
Existen cerca de 20 mil especies de estos insectos, solo siete de ellas producen miel. Habitan en diversos lugares de los cinco continentes, algunos tan insospechados como dunas de arena, acantilados, canteras, pozos de grava y diques.
Se comunican entre sí bailando. Después de descubrir un jardín colmado de azúcares, las abejas obreras vuelan de regreso a la colmena, donde se rencuentran con sus casi 50 mil hermanas y empiezan a danzar para ellas.
Caminan dibujando un ocho redondeado y, cuando pasan por el centro de este número imaginario, bambolean el abdomen a la derecha y a la izquierda, trazando una línea ondulada.
La orientación de esta línea les comunica a las otras abejas el ángulo con respecto al Sol en que se ubica el dulce botín. Y la cantidad de movimientos abdominales indica la distancia que deben recorrer para llegar a él.
En este taller de plastilina para niños “Familias buscando familias de abejas”, exploraremos el fascinante mundo de estos insectos. Alista plastilina amarilla y negra.
