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Fotografía. Personas con cejas marcadas, nariz pronunciada y barba. Su expresión de su rostro refleja alegría.  - Imagen Historias de exploradores

Historias de exploradores

En 2018 interactuamos con más de 895 mil visitantes, y solo en salas, los Exploradores recibieron 613 mil personas, que son también historias. Estas son algunas de las conversaciones que recuerdan:


Daniel Arredondo

En un recorrido por el Planetario, uno de los niños levantó la mano para preguntarme por Galileo y su rol en el desarrollo de la Astronomía. Para mí fue normal, pero noté que los demás chicos nos miraban extrañados. Después la profesora me dijo que tenía diagnóstico de autismo y que era extremadamente raro que preguntara o interactuara con alguien así.


María Carolina Sánchez

En diciembre nos visitaron unos niños en vacaciones. Por las conversaciones sobre sus casas y sus familias, supe que vivían en condiciones de pobreza. Una de las niñas estaba fascinada con el Parque. Antes de montarse al bus, me miró con dos ojos grandotes que hablaban más que ella y me dijo: “gracias, yo no sabía que había tantas cosas”.


Alejandro Londoño Moreno

Estaba en el acuario conversando sobre pirañas, y una señora y su hija se acercaron. Me contaron que eran de Venezuela, que la mamá había venido a Medellín de sorpresa y que estaban en el Parque celebrando el cumpleaños de la hija. Por una hora hablamos de las pirañas, del pez pulmonado que respira debajo del agua, entre otros. Cuando se despidieron, me abrazaron y se pusieron a llorar, y me agradecieron por el tiempo que pasamos hablando de peces.


Paula Camila Pineda

En vacaciones vinieron tres señoras a recorrer el Parque. En el segundo piso de la sala Tiempo conversamos sobre la percepción del tiempo según las culturas. Me contaron que eran del Putumayo, que habían sido campesinas toda la vida y que estaban en la ciudad desplazadas por la violencia. Hablamos de oportunidades, de riquezas, de la tierra, de su percepción del tiempo. Cuando se fueron, sentí que la visita había sido un espacio para que ellas recordaran lo que habían sido, lo que de alguna forma todavía eran, y para confirmar que, a pesar de estar en la ciudad, su tiempo era el del campo.


Licet Montoya

Le pedí permiso para usar sus manos y contarle del tamaño de los peces y sus texturas, y para describirle las diferentes escamas. Lo que más quería saber era dónde estaban las aletas de cada uno de los peces. Hablamos de cómo las personas ciegas obtienen información de su entorno, y de cómo los peces de las profundidades tienen habilidades similares.


Lina Marcela Méndez

Nos visitaron de la selva amazónica ecuatoriana una mujer y su hijo. Cuando llegamos a al área de Transformaciones, en el segundo piso de la sala Tiempo, hablamos sobre los cambios que hacen parte de la dinámica terrestre. La señora me habló de su propia transformación. Hace tres años le habían detectado un cáncer y había cambiado su actitud y sus hábitos alimenticios…


Diana Cristina Penagos

Lyan, un niño de 4 años, me cogió de la mano y me empezó a llevar a todas las experiencias de la sala Tiempo del primer piso. En la de "¿Qué tan rápido puedes ser?", hablamos del cerebro y de cómo le prestamos más atención a los objetos que se mueven. El niño se quedó quieto.