Por Juan Pablo Gaviria
Director de Innovación y Desarrollo del Parque Explora
Dar el paso: una instrucción simple y poderosa que nos ha transportado desde siempre a lugares donde nunca creeríamos haber llegado.
Por suerte, en mi familia y en mi trabajo el miedo es escaso. No se le teme a los retos ni a los caminos nunca transitados. El método ha sido asumir el miedo no como barrera sino como un recordatorio urgente: hay que hacerlo, y hacerlo bien.
Los primeros días en este planeta los pasé entre urnas de acrílico, transfusiones y lámparas en vez de cobijas. Una incompatibilidad de Rh saturó de bilirrubina mi sangre y pintó de amarillo mi piel. Permanecí rodeado de recién nacidos en llanto que, como yo, añoraban a su madre separada de ellos por una ventana. Empezaba a entender de qué se trataba este mundo. Siete colegios, nueve trasteos, vacaciones de niñez como las de Tom Sawyer… hicieron de las renuncias, de los desapegos y, sobre todo, del cambio asuntos tan familiares como queridos. Situaciones que moldearon mi actitud ante lo desconocido y mis miedos, y mi manera de enfrentarme al reflejo engañoso de la seguridad. Este “principio de incertidumbre”, que en nada se parece al de Heisenberg, se convirtió en la marca de las cosas que más disfruto. Curiosamente, y para mi fortuna, todo esto lo encuentro en la vida laboral en Parque Explora.
La historia de este Parque es una crónica de mil aventuras en la que se vadean, como en el agua, temores que a otros pasmarían. En el 2004, unos tres años antes de su apertura, nos enfrentamos por primera vez a la idea de materializar un museo sin más armas que las ganas de hacer lo imposible, de dar lo mejor. Desde allí, y con el apoyo de muchos, se han hecho mil tránsitos de ideas a realidades. Soñar con un acuario de características inéditas en nuestra región, imaginarnos la transformación de un planetario, ser relevantes en el aula de clase, montarnos en la exigente tarea de ser siempre inaugurales, ofrecer contenidos renovados, trascender nuestras barreras físicas y geográficas, sumergirnos en exposiciones de temas apasionantes que poco conocíamos…: estas y otras historias nos llevan, por fin, a entender que nuestra misión va más allá de ofrecer escenarios memorables de aprendizaje, pues se trata de transformar las vidas de las personas y, de paso, las nuestras.
Lanzarse continuamente de la atractiva seguridad procedimental a caminar los campos del error camuflado puede que no sea la estrategia más cómoda para una institución. Aprender en el camino, sin aversión al error, es una práctica que demanda un equipo con nervios de acero, flexibilidad y una excepcional capacidad de crear desde la incertidumbre. ¿Quién dijo que iba ser fácil? ¿Quién dijo que iba ser rápido? Las tácticas que escogimos para enfrentarnos a lo desconocido fueron las de estar preparados, rodearnos de las mejores personas y armarnos de un grupo listo para asumir esos desafíos que nos mantienen despiertos.
Así, pues, la identidad del Parque Explora es perfectamente coherente con su nombre. No hay tiempo para el tedio. Cuando un tema empieza a volverse paisaje y se adormecen los días, ¡oum!, surge una nueva idea, un reto fresco nos espabila, otro nuevo proyecto se vislumbra. El llamado para abrir los ojos y las alas y dar el paso se nos manifiesta otra vez: una instrucción simple y poderosa que nos ha transportado desde siempre a lugares donde nunca creeríamos haber llegado.
