Conferencia del ciclo "Amazonía Perdida" en Ciencia en Bicicleta – Parque Explora
Una planta con dos caras: herencia ancestral y emblema del conflicto
En el ciclo "Amazonía Perdida", el programa Ciencia en bicicleta del Parque Explora presentó una conferencia del sociólogo, periodista y escritor Alfredo Molano Bravo (1944-2019), quien ofreció un acercamiento particular sobre la coca, la planta estudiada por el etnobotánico Richard Evans Schultes durante sus exploraciones amazónicas y que ha protagonizado capítulos decisivos en la historia de Colombia y del mundo.
Molano, quien dedicó su vida a recorrer las zonas rurales de Colombia recogiendo testimonios de campesinos, colonos e indígenas, desentrañó en esta conferencia los hilos que conectan una planta andino-amazónica con el conflicto armado, la economía campesina, las dinámicas de colonización y las políticas de prohibición.
La coca como patrimonio cultural de los pueblos originarios
Para comunidades indígenas como los kankuamo, embera-chamí, awá, nasa, kogui y arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, la coca es mucho más que un arbusto: representa un elemento central de su cosmogonía, alimentación, medicina y comunicación con la naturaleza. Como explicó Molano, los pueblos indígenas han utilizado la hoja de coca durante milenios para ceremonias de adivinación, rituales de sanación, relacionamiento comunitario y como fuente de energía nutricional.
El mambeo —la preparación de la coca molida mezclada con cal o polvo de caracoles marinos para liberar sus alcaloides— es una práctica que perdura en estas comunidades como forma de "endulzar la palabra" y como puente de comunicación entre las personas y con sus ancestros. Como señalan líderes indígenas actuales: "No es la mata que mata, porque si no, ya no existirían comunidades indígenas en América".
Desde la época colonial, esta planta fue cuestionada y estigmatizada por los españoles, aunque paradójicamente también fue utilizada como moneda de intercambio en regiones como el Cauca hasta los años sesenta del siglo XX.
De la bonanza marimbera a los cultivos de coca: el ensayo general
Molano trazó una genealogía del narcotráfico en Colombia que comienza con la marihuana en los años sesenta y setenta. La llamada "bonanza marimbera" tuvo su epicentro en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde variedades como la Santa Marta Gold alcanzaron fama mundial. Según el análisis del sociólogo, este fenómeno surgió de la convergencia entre varios factores: la presencia de jóvenes estadounidenses del programa Cuerpos de Paz que llegaron durante la Alianza para el Progreso, las redes históricas de contrabando de la región Caribe (con tradición desde el siglo XVII entre las Antillas holandesas y la costa colombiana) y una demanda creciente en Estados Unidos, donde la marihuana se convirtió en símbolo de resistencia cultural durante la guerra de Vietnam.
Esta primera bonanza funcionó como lo que Molano llamó "el ensayo general" de la cocaína: estableció rutas de comercio, familiarizó a las poblaciones con las economías ilícitas y normalizó el uso de armas para respaldar los acuerdos comerciales fuera del marco legal. Cuando la represión militar y la producción tecnificada en California acabaron con la bonanza marimbera a finales de los setenta, las estructuras quedaron listas para la siguiente etapa.
Colonización, crisis agraria y el arraigo de la coca
Para comprender por qué la coca echó raíces tan profundas en Colombia, Molano explicó la dinámica de la colonización en las fronteras agrícolas. El modelo de sustitución de importaciones había entrado en crisis, la reforma agraria fracasó tras el Pacto de Chicoral, y miles de campesinos desplazados optaron por colonizar tierras en el piedemonte llanero, el Caquetá, el Putumayo, el sur de Bolívar y otras zonas de frontera.
El colono típico —persona con cierto carácter libertario que rechazaba el trabajo asalariado— tumbaba selva, sembraba maíz o arroz en tierras vírgenes, pero progresivamente se endeudaba con los comerciantes mientras los rendimientos de la tierra decaían. Al final, debía vender su parcela a ganaderos y abrir nueva frontera más adentro. Este ciclo de empobrecimiento sistemático encontró en la coca una salida: un producto liviano, fácil de transportar, con comprador seguro y rentabilidad alta.
"La coca nos cayó del cielo", testimoniaban los campesinos a Molano. Por primera vez, el trabajo del colono generaba rentabilidad real: en vez de llevar una cosecha en veinte mulas y cinco canoas, la llevaba en una mochila. Lo que el café representó para la colonización antioqueña —impidiendo la concentración de tierras—, la coca lo fue para las zonas de colonización del oriente y sur colombiano.
Guerrilla, autoridad y economía en las zonas de frontera
Molano rastreó la presencia guerrillera en estas regiones hasta sus orígenes en las luchas agrarias del sur del Tolima y el Sumapaz, pasando por la violencia de los años cincuenta. En zonas donde el Estado no existía, la guerrilla asumió funciones de autoridad: definía linderos, sancionaba matrimonios, llevaba registro demográfico y ejercía lo que llamaban "servicio de ley".
Inicialmente, las guerrillas vieron la coca como una estrategia del enemigo para corromper y despolitizar al campesinado. Sin embargo, la presión de los propios colonos —que amenazaban con retirar su colaboración si no se les permitía cultivar— y la evidencia de los recursos que generaba la economía coquera llevaron a un cambio de posición. La coca se convirtió en fuente de financiamiento no solo para los campesinos, sino también para los actores armados que controlaban las zonas de cultivo.
Las cifras detrás de la bonanza: fumigación, producción y nuevas variedades
Molano señaló una paradoja que los datos confirman: aunque las hectáreas cultivadas se redujeron gracias a la fumigación, la producción no disminuyó en la misma proporción. Las nuevas variedades de coca desarrolladas producen entre tres y cinco veces más que las plantas de hace décadas. Los alijos de veinte toneladas de cocaína —una tractomula completa— se volvieron frecuentes en los decomisos.
Más revelador aún: cuando el precio de la coca caía por sobreproducción, las fumigaciones aumentaban inmediatamente, y con ellas, el precio se recuperaba. "Ojalá fumiguen, ojalá fumiguen porque el precio se nos cayó", decían los cultivadores. Esta correlación sugería que la política de erradicación, lejos de acabar con el negocio, funcionaba como regulador de precios.
Los cultivos se desplazaron a lo largo de las décadas: desde la Sierra Nevada y los llanos orientales hacia la costa pacífica, el sur de Bolívar, el Darién, el Catatumbo, el Putumayo y el Caquetá. El problema migraba, pero no desaparecía.
Más allá de la economía: una cultura que se transforma
Para Molano, el narcotráfico no solo movió dinero: alteró profundamente la cultura nacional. Describió cómo se instaló una mentalidad donde "no hay fila que valga, no hay norma que valga, todo es posible si tengo dinero en el bolsillo". La bonanza de la cocaína permitió una movilidad social vertical que antes estaba bloqueada: personas de estratos bajos accedieron a la clase media, y de allí a las élites.
Esta penetración alcanzó la política, los gremios, las fuerzas militares. Los partidos quedaron "contra la pared", la mafia infiltró estructuras de poder, el paramilitarismo se fortaleció. Colombia se convirtió en un país nuevo bajo las mismas estructuras clasistas, más violento pero con sus contradicciones intactas.
La legalización: una solución que encuentra resistencias
Ante la pregunta sobre alternativas, Molano se mostró favorable a la legalización como camino para desmontar las estructuras violentas del narcotráfico. Citó como ejemplo un episodio de los años ochenta cuando una sobreproducción hizo caer el precio de la base de coca de 100.000 a 30.000 pesos el kilo: los campesinos volvieron "tranquila y dulcemente" a cultivar maíz. La legalización, argumentó, quitaría las ganancias extraordinarias que sostienen la violencia.
Sin embargo, también señaló que la guerra necesita banderas, y que quienes se benefician del conflicto tienen pocos incentivos para terminarlo. La redistribución de la tierra —la cuestión de fondo— permanece pendiente, y sin ella, los cultivos ilícitos seguirán siendo la "forma moderna del problema agrario".
El legado de Schultes y la Amazonía en riesgo
La conferencia se enmarcó en el ciclo "Amazonía Perdida", que evoca el trabajo del etnobotánico Richard Evans Schultes, quien entre 1941 y 1953 convivió con comunidades indígenas del Amazonas colombiano, recolectó más de 30.000 especímenes de plantas y fue uno de los primeros científicos en alertar sobre la destrucción de la selva y el exterminio de los saberes indígenas. Schultes estudió la coca amazónica (Erythroxylum coca) junto con el yagé, el yoco y decenas de plantas medicinales, documentando usos que las culturas originarias habían desarrollado durante milenios.
Como advertía Schultes, el avance de la aculturación traería la extinción de los conocimientos botánicos tradicionales más rápido que la de las especies mismas. Hoy, la Amazonía colombiana enfrenta la doble presión de la deforestación y los cultivos para procesamiento de drogas, mientras los territorios indígenas son ocupados por actores armados ilegales.
Alfredo Molano: el caminante que recogió las voces silenciadas
Alfredo Molano Bravo nació en Bogotá en 1944 y estudió sociología en la Universidad Nacional de Colombia, donde fue alumno de Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo y Eduardo Umaña Luna. Tras estudios en la École Pratique des Hautes Études de París, regresó a Colombia convencido de que la mejor sociología se hacía recogiendo testimonios de primera mano.
Durante décadas recorrió las zonas rurales del país, escuchando a colonos, campesinos, indígenas, guerrilleros desmovilizados y víctimas del conflicto. Su obra —más de 27 libros publicados, incluidos Los años del tropel, Desterrados, Trochas y fusiles y Ahí les dejo esos fierros— constituye un archivo de voces que de otro modo habrían quedado en el olvido.
Recibió el Premio Simón Bolívar de Periodismo y el Premio Nacional del Libro de Colcultura. En 1999 tuvo que exiliarse por amenazas de grupos paramilitares. Desde 2018 hasta su muerte en octubre de 2019, fue comisionado de la Verdad para la región de la Orinoquía, buscando esclarecer lo sucedido durante décadas de guerra.
Ciencia en Bicicleta: divulgación científica desde Medellín
El programa Ciencia en Bicicleta del Parque Explora nació en 2005 con el propósito de sacar a los científicos de los laboratorios y ponerlos a conversar con el público general. El nombre surgió cuando el médico Luis Fernando Tintinago —quien realizó el primer trasplante de tráquea en el mundo— llegó a dar una conferencia montado en su bicicleta.
Desde entonces, más de 500 voces de la ciencia de Colombia y del mundo han participado en estos encuentros gratuitos que abordan temas desde la astronomía hasta la salud pública, desde las matemáticas hasta la historia del conflicto colombiano. El ciclo "Amazonía Perdida" rindió homenaje a la obra de Richard Evans Schultes y exploró los múltiples hilos que conectan la biodiversidad amazónica con las crisis contemporáneas.
