"Los artistas no somos inútiles y prestamos, de otra manera, servicio a la sociedad": esto comentaba en 1892, en el periódico El Espectador, el organizador de la primera exposición de arte en Antioquia, el pintor, escultor y grabador antioqueño Francisco Antonio Cano (1865-1935), pionero de la modernidad del arte en la región en la segunda mitad del siglo XIX, renovador de la pintura de paisajes y del retrato, fundador de la primera Academia Artística de Antioquia y director de la Academia Nacional de Bellas Artes en Bogotá.
La exposición, que Cano adelantó con ayuda de sus amigos Samuel Vásquez y Emiliano Mejía, estaba compuesta por 150 obras entre dibujos y pinturas de “entusiastas”, y tampoco se veía “nada grandiosa”, según lo señaló el escritor Antonio José Restrepo (1855-1933) en la que se considera la primera crítica de arte en la región.
El encuentro cerró con un concierto a favor de la “Casa de Locos”, como llamaban al hospital mental rudimentario en el que fueron recluidos por décadas genios poéticos como Epifanio Mejía (Yarumal, 1839 - Medellín, 1913), más conocido por ser el autor del himno de Antioquia que por su interesante obra, y que fue cronificado por la sociedad en aquellas épocas de la psiquiatría manicomial, en las que no solo la ciencia sino la sociedad toda estigmatizaba a los enfermos y los aislaba en las afueras de las ciudades como sujetos peligrosos.
Epifanio Mejía
“Yo fui el pintor de los muertos. Oiga usted, cuando en la Villa de la Candelaria moría alguno y los deudos querían hacer su retrato, se me llamaba”, contaba Francisco Antonio Cano, hijo de platero y heredero de una tradición artesana como la mayoría de las que precede al arte. Cano nació en Yarumal, municipio minero de Antioquia, Colombia, el 24 de noviembre de 1865. Es conocido por ser el pintor de Horizontes (1913), histórico óleo que retrata una estampa de la colonización antioqueña, aunque su obra excede con ventaja lo que comúnmente se conoce. Inauguró la tradición ilustrada en periódicos como Lectura y Arte, Alpha o El Montañés.
Horizontes (1913)
El Museo de Antioquia, el Museo Nacional, el Banco de la República, la Universidad Eafit con exposiciones y publicaciones de obras como La mano luminosa de Santiago Londoño Vélez, o como sus libretas de viaje, entre otros trabajos memorables, han hecho un importante esfuerzo para compartir la vitalidad de esta historia del arte en Colombia, protagonizada por un talento que, contra todas las previsiones de lo que se consideraría “justo”, murió pobre, a los 69 años, dando clases privadas a un peso y pintando hasta el final en la helada Bogotá de 1935.
