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Aprende > Oppenheimer: algunos datos sobre el creador de la bomba atómica

Ilustración. Sobre un fondo rojo aparece la explosión con forma de hongo de la bomba atómica Trinity, creada en la Segunda Guerra Mundial. Adelante, en primer plano y a la izquierda, aparece un retrato en color lila del científico y físico teórico J. Robert Oppenheimer.  - Imagen Oppenheimer: algunos datos sobre el creador de la bomba atómica

Oppenheimer: algunos datos sobre el creador de la bomba atómica

Desde Einstein hasta algunas de sus propias frases, una colección que añade vida a esta historia de muerte

Ahora que se estrena la película de Christopher Nolan, OPPENHEIMER, algunas opiniones sobre el físico teórico, exdirector del Laboratorio de Los Álamos, quien produjo las primeras BOMBAS ATÓMICAS — las de Hiroshima y Nagasaki, que ocasionaron 246.000 muertes —. Desde EINSTEIN, hasta algunas de sus propias frases, una colección que añade vida a esta historia de muerte, tomada del libro Prometeo Americano de los historiadores Kai Bird y Martin J Shirwin.


Como “muy delgado, nervioso, siempre tenso” describía Freeman Dyson, también físico téorico, a OPPENHEIMER. “No paraba quieto, no podía estar sentado ni cinco minutos, daba la impresión de sentirse muy incómodo. Fumaba todo el tiempo”.

Los historiadores Kai Bird y Martin J Shirwin cuentan también en Prometeo americano que una de las decepciones más grandes de Oppenheimer fue no lograr que Isidor Rabi, físico, ganador del Premio Nobel de Física en 1944, se trasladara con él a Los Álamos: "Deseaba tanto que su amigo estuviera a bordo que le ofreció ser director adjunto del laboratorio, pero no sirvió de nada. Rabi abrigaba dudas fundamentales respecto a la idea de construir una bomba", explican los historiadores. 

 "Yo estaba muy en contra de los bombardeos desde 1931, cuando vi unas fotos de un barrio de Shanghái bombardeado por los japoneses. Tiras una bomba y cae encima de justos y pecadores. No hay escapatoria. Los sensatos no pueden escapar de ella, ni tampoco los honrados. […] Durante la guerra contra Alemania, es verdad que nosotros [los del Laboratorio de Radiación] ayudamos a desarrollar dispositivos para los bombardeos, […] pero se trataba de un enemigo real y un asunto muy grave. En cambio, una bomba atómica llevaba la moral un paso más allá; no me gustaba entonces y sigue sin gustarme ahora. Creo que es horrible", contó más tarde Rabi sobre la propuesta de Oppenheimer. 

La inquietud acompañaría siempre a Oppenheimer. En noviembre de 1945, unos meses después de los bombardeos en Japón, Oppenheimer diría en una charla a la Sociedad Filosófica Estadounidense: “Hemos creado una cosa, un arma de lo más terrible que ha alterado de golpe y profundamente la naturaleza del mundo. Hemos vuelto a despertar la cuestión de si la ciencia es buena para el hombre”.

Tras un encuentro con Oppenheimer en 1945, el político Henry A. Wallace escribió después en su diario: "Nunca he visto a un hombre que estuviera tan extremamente nervioso como Oppenheimer (...) La culpabilidad que sienten los científicos que hicieron la bomba atómica es una de las cosas más sorprendentes que he visto en la vida".

El 25 de octubre de 1945, como reseñan en Prometeo americano los historiadores Kai Bird y Martin J Shirwin, Oppenheimer visitó en el despacho oval al presidente Truman.  

Luego de un largo silencio, Oppenheimer insistió en la necesidad de detener la proliferación de las armas nucleares y de establecer controles internacionales sobre la tecnología atómica.

"Al fin, tras percibir que el presidente no entendía la extrema urgencia de su mensaje, Oppenheimer se retorció las manos, nervioso, y soltó uno de esos comentarios desafortunados que solía hacer cuando se encontraba bajo presión. ''Señor presidente —murmuró—, siento que tengo las manos manchadas de sangre", cuentan Kai Bird y Martin J Shirwin. 

Después de la Segunda Guerra Mundial, como director del Institute for Advanced Study de Princeton, compartió despacho con Einstein, Niels Bohr y Paul Dirac. De Einstein, escribió Oppenheimer: “éramos colegas cercanos y algo así como amigos”.

Einstein describió a su colega como “un hombre de capacidades poco comunes y educación polifacética”, aunque no entendía el contacto cercano que mantenía Oppenheimer con el poder.

Una noche de marzo de 1950, Oppenheimer acompañó al físico alemán a su casa. “Sabes —le dijo Einstein—, cuando se le da a un hombre la ocasión de hacer algo notable, después la vida es un poco rara”.

Años más tarde, Oppenheimer, además, mostró una fuerte oposición al desarrollo de la bomba de hidrógeno: “Si la de Hiroshima tenía un rendimiento explosivo de quince mil toneladas de TNT, una termonuclear (si se demostraba factible) podría explotar con la fuerza de cien millones de toneladas de TNT. Una bomba H sería un arma genocida". 

En su último día como director del Laboratorio de Los Álamos, dijo en su discurso: "Los pueblos de este mundo deben unirse, o perecerán. Esta guerra, que ha asolado gran parte de la tierra, ha escrito estas palabras. La bomba atómica las ha deletreado para que todos los hombres las entiendan. Otros hombres las han pronunciado, en otros tiempos, en otras guerras, con otras armas. No han prevalecido. Hay quienes, engañados por un falso sentido de la historia humana, sostienen que no prevalecerán hoy. No nos corresponde a nosotros creerlo. Por nuestras obras estamos comprometidos, comprometidos con un mundo unido, ante este peligro común, en el derecho y en la humanidad."


“Se nos podría comparar con dos escorpiones en una botella, cada uno capaz de matar al otro, pero solo a riesgo de perder la propia vida”, insistiría Oppenheimer sobre el enfrentamiento, el secretismo y la información oculta en el campo nuclear.