Saltar al contenido principal
Icono compartir

Aprende > Otros protagonistas: saliva, mocos, manos, jabón

Ilustración. En el centro de la imagen una figura ovalada de color azul rodeada por pequeñas figuras en forma de nube color blanco. - Imagen Otros protagonistas: saliva, mocos, manos, jabón

Otros protagonistas: saliva, mocos, manos, jabón

La saliva

El hogar del coronavirus, la saliva, es uno de los fluidos corporales vitales, como la sangre. Este lubricante natural, de viscosidad variable, está directamente vinculado con la posibilidad y el placer de comer, besar y amar, hablar… En definitiva, es un indicador de buena salud. Sus propiedades antimicrobianas garantizan el buen estado de la boca en sus cuerpos blandos, como las encías y la lengua, y duros, como los dientes. Sabemos de sus usos casi escandalosos. El MoMa tiene la leyenda de una curadora que la aplicaba en dosis profilácticas a Las señoritas de Avignon. Esta historia de limpiar el polvo de Picassos con saliva nos arroja a esa recámara carnal que es la boca. Miles de glándulas salivares que alfombran su techo, su piso y sus paredes producen el mayor de los atributos para la vida: humedad. En cantidades de hasta dos litros por día. En la humedad de la boca crecen virus amenazantes, pero también una flora provechosa. Como en todo el cuerpo. Los habitantes del micromundo de cualquiera pesarían, si los juntáramos, casi dos kilos. Basta decir que en un beso se intercambian unos ochenta millones de bacterias.

Ilustración. En el centro de la imagen una mujer de perfil, de su boca sale una gota blanca. En la parte izquierda de la imagen texto que dice: "Otros protagonistas. La saliva. Solo lo suficiente".

Este fluido transparente, agradable o desagradable, según el caso, lo controla el Sistema Nervioso Autónomo, el mismo que controla la presión arterial, la digestión, la respiración… Factores psíquicos, químicos y físicos lo alteran. La saliva es 98% agua, iones, proteínas como mucina, proteínas plasmáticas, leucocitos y detritos celulares. Tiene un efecto de arrastre útil para limpiar la boca, humecta los alimentos para poder tragarlos y ayuda a empezar el enzimático proceso de la digestión.

La saliva es un buen fluido, pero el exceso o la ausencia de ella son indicadores de enfermedad, generalmente de trastornos neuronales, digestivos o por efectos secundarios de medicamentos psiquiátricos, relajantes u otros. Como biomarcador, se ha incrementado su análisis para la detección de enfermedades. Saliva de dilución, delgada, albuminosa, con o sin moco; saliva de deslizamiento, viscosa, pegajosa… En el lecho de tu boca no solo duermen las palabras.


El jabón

El jabón ha cambiado la higiene y, por lo tanto, la historia de la humanidad. Es una molécula larga, una estructura de átomos que penetra la capa grasa que recubre el virus y lo destruye. De ahí su poder para prevenir el Covid-19 y las enfermedades infecciosas. En las redes de Explora encontrarás las historias del lavado de manos que ha salvado vidas, gracias a pioneros como el médico Ignaz Semmelweis.

El jabón es el resultado de una reacción química entre un lípido —aceites, grasas— y una base con propiedades alcalinas (un álcali), que puede ser hidróxido de sodio o de potasio. Crece el uso grasas vegetales y no animales, en un camino ético promisorio y convocante, que fue el original. La mezcla de aceite de acacia y de un álcali hecho con cenizas de madera se usaba en Sumeria hacia 2500 a.C. A diferencia del jabón, no todos los detergentes —variante sintética— son biodegradables, y es preciso regular su producción.

Ilustración. En el centro de la imagen una figura ovalada de color azul rodeada por pequeñas figuras en forma de nube color blanco. En la parte superior texto que dice: "Otros protagonistas. Jabón".

¿Qué pasa molecularmente con el jabón, esa sustancia cuyo destino es “mezclarse con toda la sordidez del planeta”, como escribió el poeta mexicano José Emilio Pacheco? Si pudiéramos verlo a nivel microscópico, descubriríamos conjuntos de moléculas llamadas micelas, que atrapan en su interior moléculas grasas de superficies como tus manos. Una molécula de jabón tiene una “cabeza” que atrae agua y una “cola” que atrae las grasas o aceites. ¿Qué es la espuma? Las burbujas, “uvas huecas” que han inspirado a escritores como F. Ponge, y que vemos al frotar las manos o cuando el agua sale por una tubería, se forman por presiones extremas (cavitación), efecto hidrodinámico por el que se forman cavidades de gas en el interior de un líquido. Lavarse pone en acción universos químicos y físicos fascinantes.


Los mocos

Como si estuvieran en cuarentena, los mocos también se asoman por las ventanas de esa casa del aire que llamamos nariz. Y lo harán siempre, porque estos habitantes permanentes, de los que fabricamos casi un litro al día, nos están cuidando. Este ejército pegajoso atrapa el polvo, los microbios y otros componentes del aire casi siempre contaminado que respiramos. Cada minuto entramos a los pulmones diez litros de aire que, de no estar filtrado por los mocos, pasaría muy sucio a los pulmones y permaneceríamos enfermos.

Ilustración. Una mujer de perfil, de su naríz sale una gota azul. En la parte izquierda de la imagen texto que dice: "Otros protagonistas. Mocos. Un homenaje".

Tu nariz tiene una alfombra, un tapete de finísimos pelitos llamados cilios que expulsan tus mocos a 1,5 centímetros por hora. Esta sedosa tecnología corporal desplaza los mocos y todo lo que atrapan —incluidas bacterias y virus— hacia la punta de tu nariz o la parte posterior de la garganta. Cuando los sientas secos, no los desprecies. Sácalos como si fueran diminutas joyas y, si estás de buen ánimo, mírales el color. Tal vez revelen lo que te llevaba el aire, y así tus quejas no sean exactamente para los mocos.

Estos protectores de los pulmones son blancos e indicadores de buena salud. Los líquidos y transparentes son propios de riníticos atormentados. Y los espesos, amarillos y verdes, algunas veces con sangre, son señal de que el cuerpo intenta defenderse de una infección. El sistema hace su trabajo.

Los mocos también protegen humedeciendo. Están en las vías respiratorias y en órganos del tubo digestivo y de los genitales. Un homenaje merecido a los mocos, a los senos paranasales y a todo aquel sistema respiratorio que empieza en la nariz, sin la cual no tendríamos salud, el rostro deambularía anónimo y sin carácter, y no disfrutaríamos del olor, y menos del sabor. Es enorme la responsabilidad de la nariz con el gusto, en el sentido más vibrante del término. Así que ¡suénate con amor!

Para más información sobre el sistema respiratorio en tiempos del Covid-19, disfruta esta charla Explora con el neumólogo Héctor Ortega, en video o en pódcast. [En apps de podcasts y Spotify, búscanos como Ciencia en Bicicleta.]


La mano

Las manos, su contacto, sus gestos, su capacidad transformadora, su conexión con el cerebro… son las responsables de nuestra historia sobre la tierra. Ese sistema de relojería de 27 huesos, músculos, tendones, poleas, ligamentos, flexores, extensores, nervios… tiene gran protagonismo hoy, en épocas de contención sentimental y de contagio. “Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, qué me traen volando”. Habría que responderle a Neruda que, entre cariños, traen bichos.

Ilustración. Dos manos salen, una de la parte superior de la imagen y otra de la parte inferior. En la parte derecha de la imagen texto que dice: "Otros protagonistas. La mano. Un homenaje".

Las manos son la vía más frecuente de transmisión del Covid-19 y numerosas enfermedades. Hay reinos bacterianos y virales en cada pliegue, en el vacío hospitalario de una uña. Mantenerlas limpias con agua y jabón fue uno de los grandes avances del siglo XIX, pues cambió el curso de la salud y de la enfermedad. Recomendamos las historias de Pasteur, Koch, Lister, Semmelweiss y otros artífices de la antisepsia.

El contacto entre las manos y el cuerpo también ha sido considerado terapéutico. Se les atribuye transferencia energética que abre o cierra puertas al bienestar. El lenguaje de las manos —mudras— es sagrado en el budismo y el hinduismo. Y en el cristianismo, la diestra y la siniestra han tenido su reputación.

Fascinan la vida neurovascular y mecánica de las manos, la colección de huesos semilunares, piramidales y ganchosos, las palancas y falanges artesanas, las del panadero anónimo o las de Lizt o de Chopin, las que tienen la huella de una vida costurera y cirujana, las de tus amados animales, las tuyas que escriben, te sacan del confinamiento y colaboran con tu idea… “Cómo sufre la cabeza cuando se desconecta de la mano”, escribió Richard Sennet.

La mano es la herramienta del alma, dicen los poetas, que son capaces de leer en ella huellas, e incluso “el vacío en el que estuvo otra mano… Estas manos tienen dibujadas las líneas de una vida que se perdió, porque no supo, no comprendió, no quiso”, como escribió la poeta colombiana María Mercedes Carranza.