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La falacia del apostador y otros sesgos cognitivos

Un podcast sobre cómo elegimos.

Decidiendo casi como humanos.

Nicolás Loaiza, antropólogo y director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

Junio 2022.


 Los seres humanos nos preciamos de nuestra gran racionalidad. Desde Aristóteles, en el mundo Occidental, se ha dado por sentado que nuestras decisiones se basan en un sesudo y personal análisis y su conclusión es lógica. La economía clásica asume que las elecciones se basan en la racionalidad de los seres humanos: en un mundo lleno de necesidades pero escaso de recursos, cada persona toma decisiones racionales analizando todos los parámetros posibles y llegando a conclusiones óptimas. Esta idea ha sido rebatida desde hace varias décadas y muchos investigadores buscan entender mejor cómo podemos usar nuestras herramientas mentales para analizar claramente las información que tenemos a disposición y llegar a mejores conclusiones.

Durante la Conferencia Inaugural de 1974 en CalTech , el gran Richard Feyman les dijo a los graduandos:  “El primer principio es que uno no debe engañarse a sí mismo -y uno es la persona más fácil de engañar”. Feyman se refería, en general, a que debíamos ser honestos con nosotros mismos en un sentido científico de la expresión: debíamos conocer nuestros limitantes para poder entender nuestros alcances. Buscaba que los mismos principios de escepticismo que aplicamos a lo que leemos en revistas científicas, los aplicáramos a nuestras ideas y percepciones. Además de eso, buscaba que fuéramos conscientes sobre las posibles fallas en lo que pensamos, para entender aún más las limitaciones de lo que expresamos.

Esta premisa, que parece tan fácil y práctica, presenta muchos retos. Podríamos asumir que, después de millones de años de evolución, nuestro cerebro está diseñando para pensar bien, racionalmente, sin limitantes ocultos. Pero lo cierto es que el desarrollo cerebral por selección natural no ha estado impulsado por la pretensión de “pensar muy bien”, sino de mantenernos vivos. El incremento en la capacidad cerebral que permite el desarrollo de la cultura como característica adaptativa, está hecho para la velocidad, no para la comodidad (de acuerdo con Peter Richerson y Rober Boyd). Para nuestro cerebro es más importante detectar depredadores, amigos y enemigos rápidamente, huir del peligro, entre otros objetivos de supervivencia, que analizar la información que tenemos a disposición de forma detallada y tratar de discernir sus fuentes, sus intenciones, sus vacíos, etc. de forma tal que nos permita tomar una decisión acertada.  

Amos Tversky y Daniel Kahneman, a inicios de la década de 1970,  fueron los responsables de nombrar, luego de una larga caracterización, los patrones sistemáticos, pero defectuosos, de respuesta que tenemos las personas cuando se nos presentan problemas de juicio y decisión: los llamaron sesgos cognitivos. A continuación abordaremos algunos de los más comunes:
●Sesgo de confirmación: tendencia selectiva de buscar o interpretar información de forma tal que compruebe nuestras hipótesis o preconcepciones. La idea que tienen muchas personas de que todos los colombianos son delincuentes, se reafirma cada vez que cae un delincuente colombiano en el exterior.
●Falacia del apostador: Tendencia a pensar que la probabilidad de eventos futuros se afecta por eventos pasados. Muchas personas afirman “como nunca me he chocado, nunca me chocaré”.
●Heurística de disponibilidad: De acuerdo a la RAE, la heurística es la técnica de la indagación y el discernimiento. Sobreestimación de la importancia de la información que está inmediatamente disponible en la mente para cada persona, sin importar lo poco frecuente o estadísticamente rara que pueda ser. Un accidente aeronáutico tiende a hacer que las personas prefieran viajar en carro a volar, a pesar de que viajar en carro es, estadísticamente, mucho más peligroso.
●Sesgo endogrupal: Tendencia a darle trato preferencial a otros que son percibidos como miembros del propio grupo. Un empleador tiende a elegir más fácilmente a un candidato que haya estudiado en su misma universidad.
●Correlación ilusoria: Tendencia a crear relaciones tipo causa efecto entre eventos en los que esta correlación no existe. Pensar que el trueno causa la lluvia.
●Efecto halo o de primera impresión: Tendencia a que la primera impresión sobre algo se extienda a otros rasgos de ese algo. Tendemos a pensar que las personas bien parecidas, bonitas, son buenas en su forma de ser y actuar.
●Efecto de dotación: Tendencia de las personas a sobrevalorar un objeto propio frente a lo que estarían dispuestas a pagar por él siendo ajeno. El propietario de un vehículo normalmente pone el precio de venta del mismo por encima del valor de referencia del mercado.
●Efecto de arrastre o de moda (cascada de disponibilidad):: Tendencia a tener comportamientos o creencias basados en que muchas otras personas tienen esos comportamientos o creencias. La fijación cada vez mayor en que la forma de bajar de peso y estar “saludable” es hacer dieta keto o ayuno intermitente (a 2022).

Existen muchos más sesgos y fenómenos asociados en la toma de decisiones humanas, pero con estos, creo que se ejemplifica claramente la incidencia que pueden tener en nuestras elecciones. En los procesos democráticos, la elección es fundamental. Entre otras situaciones (el imperio de la ley, la independencia de poderes, el monopolio de la fuerza, etc), una democracia madura depende de que los individuos tomen elecciones autónomas e informadas. Ante la avalancha de información disponible y claramente propagandística, los ciudadanos tenemos que usar nuestro escepticismo y buen juicio para cuestionar sistemáticamente lo que se nos presenta y, así, elegir autónomamente. Esto es aplicable para todos los próximos comicios presidenciales, territoriales, juntas directivas y de la propiedad horizontal, entre otros.

Cuestionar nuestra “racionalidad” e “independencia” en el momento de elegir parece ser la mejor práctica.  Estamos constantemente influenciados por diferentes aspectos de nuestra humanidad y debemos dudar metódicamente de nuestras ideas. Recordemos, por último, que existe otro de estos sesgos que siempre debemos tener presente, el del punto ciego: inhabilidad de reconocer los propios sesgos.