"Este es mi presente de dignidad a las generaciones que están y a las que vienen, ustedes que son amantes de la verdad, la libertad, la justicia y la belleza, ustedes que tienen en sus manos construir un país distinto. Persistan, no dejen de buscar, de preguntar siempre por qué, por qué, por qué…", Fabiola Lalinde, en el acto de donación de su archivo a la Universidad Nacional, en el año 2018.
Fabiola Lalinde fue una defensora de los derechos humanos en Colombia. Buscó, con la misma persistencia de un sirirí, a su hijo Luis Fernando, desaparecido y asesinado por el ejército colombiano. Con su archivo puso en evidencia el terrorismo de Estado, interpeló a la sociedad y demandó por verdad y justicia.
En esta conversación con Marta Lucía Giraldo, doctora en Historia Comparada, Política y Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, magíster en Literatura Colombiana, historiadora y profesora titular de la Universidad de Antioquia, nos preguntamos por la relación que se teje entre los archivos, los derechos humanos y la memoria colectiva.
¿Cómo fue construido el archivo de Fabiola Lalinde? ¿Qué tipo de documentos contiene?
Hablar del archivo de Fabiola también es hablar de un archivo personal y de un archivo familiar. En la Universidad Nacional, en el Laboratorio de Fuentes Históricas, está como archivo familiar. No solo está la documentación que produjo Fabiola en la búsqueda de Luis Fernando, a partir de 1984, sino que hay documentación muy interesante de años atrás. Fabiola era una madre cabeza de familia, con cuatro hijos, clase media, que trabajaba en Almacenes Ley en la oficina de personal y, de alguna manera, ella tenía contacto con los instrumentos y las formas de archivar, entonces hay un sistema que ya tiene aprendido en el momento en el que inicia la búsqueda de su hijo.
Esa primera parte del archivo tiene documentación de la infancia de Fabiola, ella llevaba diarios en los que hacía diferentes anotaciones sobre la vida cotidiana, escribía recetas o comentarios sobre lo que significa ser madre, porque ella había estado casada pero se separó y quedó a cargo de cuatro hijos. Además, hay fotografías, libretas e información de los otros hijos. Luis Fernando estudiaba en el Seminario Menor de Medellín y en el archivo hay cuadernos de Luis Fernando, una colección de notas, un herbario.
La segunda parte es la más exhaustiva del archivo, corresponde a la documentación que se crea a partir de la desaparición de Luis Fernando y de la búsqueda, primero de verdad y luego de justicia. Lo que vamos a encontrar son expedientes que ella va creando, correspondencia con distintas oficinas del Estado, pero también con organizaciones defensoras de derechos humanos en el país y en el exterior. Estas últimos son muy importantes porque una vez se agotan los recursos internos de justicia, con la ayuda de Héctor Abad Gómez y otros defensores de derechos humanos, ella y la familia entablan la demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, a raíz de esto, se produce el primer fallo contra el Estado colombiano por desaparición forzada en Colombia.
El archivo abarca toda la vida de la familia Lalinde Lalinde, se intensifica con la desaparición de Luis Fernando en 1984 y se extiende en el tiempo pues hasta la muerte de Fabiola el archivo se seguía cultivando.
Si bien el Consejo de Estado falló a favor de la reparación integral para la familia, había unos temas que no terminaron de resolverse. Al final, aunque el archivo ya estaba depositado en la Universidad Nacional, ella seguía llevando sus libretas y sus apuntes.
Ella aprendió las formas burocráticas, los lenguajes estatales y empezó a ampliar este archivo siguiendo ese modelo, para hablarle al Estado de tú a tú.
¿Cómo estos documentos que hicieron parte de un archivo familiar o que eran parte de la oficialidad, de la burocracia, cobran otro valor en el archivo de Fabiola? ¿De qué depende que tengan esa nueva capacidad para contar?
El valor inicial más importante es la búsqueda de verdad: desaparece un hijo, un miembro de la familia y se inicia la búsqueda. Primero con vida, luego se da cuenta de que no está vivo pero necesitan el cuerpo para darle sepultura, es una familia católica que cree en el ritual de despedida. En esa búsqueda de verdad el archivo es muy importante porque lleva un registro de lo difícil que es ese proceso, de lo angustiante, lo desgastante, lo desmoralizador que puede ser. Y, detrás de eso, está la capacidad de agencia de Fabiola y de su familia, poniéndose en contra de esa adversidad, porque a pesar de las negaciones, deciden seguir adelante.
Hay, por ejemplo, una primera prueba de ADN que se le practica a los restos hallados en 1992. Las muestras son examinadas por expertos en genética quienes determinan que no corresponden al cuerpo Luis Fernando, pero algo le dice a Fabiola que ese sí es su hijo y sigue intentando comprobar que ese definitivamente es el cuerpo.
La tenacidad de Fabiola la lleva a conseguir que la investigadora Mary-Claire King haga una nueva prueba en el laboratorio de genética de la Universidad de Berkeley. Este segundo examen coincide con la intuición de Fabiola el 99% de probabilidad que corresponda a los restos de Luis Fernando. El primer elemento es ese, la tenacidad que hay detrás. Esa figura del cirirí es muy elocuente porque da cuenta de eso: le dicen que no, hay amenazas, hostigamientos, se tiene que exiliar, pero aún así ella sigue adelante con la búsqueda.
Luego está la justicia. Que el Estado se haga responsable por la desaparición de su hijo y para eso va a ser muy importante el archivo, ese registro juicioso, pormenorizado, es justamente lo que va a permitir: constituirse en una evidencia dentro del proceso judicial.
El otro elemento es la contribución a los procesos de memoria en el país. Si bien se trata de un caso particular, viene a ser un caso ejemplarizante de un proceso de desaparición forzada y de todo el proceso que tienen que llevar a cabo los familiares en este tipo de búsqueda.
Vamos a encontrar en el archivo que Fabiola se vincula con la Asociación de familiares de detenidos desaparecidos (Asfaddes) a labores pedagógicas que buscan enseñar a otras familias cómo iniciar procesos de búsqueda de sus desaparecidos. Aunque su hijo fue víctima de las Fuerzas Militares, ella también se solidariza con las familias de los soldados secuestrados, entonces es una memoria que no es revanchista, que no busca la venganza, sino que intenta que su caso sirva para que no se repita el drama de la desaparición forzada con otras familias.
¿De qué manera el archivo de Fabiola puede tener un papel en la garantía de los derechos humanos, al ponerlos en el espacio público?
Tenemos recientemente el informe de la Comisión de la Verdad pero parece que como sociedad seguimos ignorando o desconociendo lo que ha pasado. Justamente son los documentos, los archivos como este de Fabiola, los que nos muestran muy evidentemente qué pasó, entonces primero es contra el negacionismo.
Esas batallas que están consignadas en el archivo son elementos importantes que se deberían poner en la esfera pública para evidenciar lo que ha pasado, porque aunque estos casos pueden estar mencionados en informes que han hecho investigadores muy respetados, es la contundencia del acto de documentar, el cuidado mismo que hay detrás del archivo lo que le da la potencia, porque no solo es llevar un registro sino también cuidar eso que se está haciendo, no solo para la familia de Fabiola sino también para otras, que es donde está el carácter ejemplar del archivo y de la capacidad de agencia de Fabiola. Esa solidaridad con las otras madres, con las otras familias que sufren.
El gesto de entrega, de donación del archivo a la Universidad Nacional, ¿qué implicaciones tiene para la memoria colectiva y para la historia del país? ¿Cómo ese archivo que inicialmente fue familiar, en este nuevo espacio permite el acceso a otras personas?
En principio es un gesto de generosidad y también de consciencia del trabajo realizado, que era importante. El archivo se conoce en un período en el que se está construyendo la política pública de archivos de derechos humanos en el país, con el Centro de Memoria Histórica, cuando estaba en cabeza de Gonzalo Sánchez. Esto sirve para contextualizar la aparición pública del archivo.
Esa política empieza a hacer un registro de archivos de derechos humanos en el país. Recorren los territorios para indagar qué personas, qué organizaciones tienen archivos de derechos humanos y en esta labor se encuentran con el archivo de Fabiola, y ahí toma especial relevancia.
De ahí lo lanzan como candidato al Programa Memoria del Mundo de la Unesco, entra en el registro de América Latina y El Caribe, en el 2015. Se digitaliza una parte y entra a formar parte del Archivo virtual de los Derechos Humanos, entonces va teniendo una exposición pública. Fabiola se emociona mucho cuando le dan el reconocimiento, en un evento del Centro Nacional de Memoria Histórica.
El hecho de que la Universidad Nacional lo acogiera en su totalidad, con todo el cuidado del caso, que la tuviera a ella hablando con la gente de qué era lo que había en el archivo, hizo que ganara visibilidad y que se erigiera como uno de los archivos más importantes -no oficiales- para pensar la historia reciente del país. Es un archivo que sirve para pensar el conflicto, los efectos de la desaparición forzada, la agencia de las víctimas (especialmente de las mujeres), las relaciones que los organismos internacionales tienen en materia de derechos humanos en el país.
Al ser el Estado responsable de la desaparición y asesinato de Luis Fernando, ¿ha habido algún intento por intervenir el archivo, de desaparecerlo como prueba de lo que sucedió? ¿O ya está siendo custodiado?
No estoy al tanto de lo que ha pasado a lo largo del tiempo pero digamos que el mayor peligro que corrió el archivo fue del 84 al 90, cuando estaba la versión negacionista más fuerte por parte de las Fuerzas Militares y organismos de inteligencia del Estado, que llevaron a hostigamientos, a la detención de Fabiola en la cárcel del Buen Pastor.
Más adelante el expediente del juicio se perdió en el Tribunal de Antioquia, pero Fabiola siempre tenía su copia de respaldo.
Luego lo que ha sucedido es que la verdad es tan patente y se ha divulgado de tantas maneras que ir en contra del archivo ya no tiene ningún sentido, porque está digitalizado, tiene muchas copias en Colombia y el mundo. Importante decir que las Fuerzas Militares reconocieron su responsabilidad y pidieron perdón a la familia. Entonces otro de los valores del archivo es justamente ese, la tenacidad que lleva a que finalmente se reconozca la responsabilidad.
¿De qué manera estos documentos privados pueden confrontar las versiones oficiales?
La rigurosidad de este archivo no es que sigue las reglas o principios que están en los manuales archivísticos. Es simplemente la intención de sistematizarlo todo, de registrarlo todo y de cuidarlo. Eso es lo que permite confrontar esa versión oficial, esas distintas versiones.
La lógica detrás de ese documentar está en fijar ciertos elementos: lugares, fechas, personas. No solo registra lo que le decía el Estado, sino también los organismos que le brindaban ayuda: los abogados y cómo la prensa iba siguiendo el caso, por ejemplo Héctor Abad Gómez publicó en el 84 una columna que titula ¿Dónde tienen a Luis Fernando Lalinde? Y ella tiene todos esos recortes en el archivo.
Su valor no está solo en la confrontación al Estado y a las Fuerzas Militares sino que es mucho más rico en afectos, en solidaridades. Además de registrar la disputa con el Estado, contiene los aprendizajes que quiere enseñar a otras personas, evidencia el apoyo de organismos nacionales e internacionales.
En Colombia, a comienzos de los años ochenta, era común que se pensara que la desaparición forzada se producía sólo en los regímenes dictatoriales del Cono Sur. Fabiola, tras la desaparición de su hijo, se da cuenta que en la supuesta democracia más estable de América Latina, agentes estatales violan los derechos humanos.
Esta es una constatación dolorosa para ella. En el proceso de búsqueda de verdad y justicia entra en contacto con organizaciones de familiares de víctimas en Colombia y en el exterior: ASFADDES, FEDEFAM las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
*** Agradecemos al Laboratorio de Fuentes Históricas, Fondo Fabiola Lalinde y Familia, de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, por autorizar el uso de las imágenes que acompañan este contenido.








